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Volver al Creador

Karen Berg
Agosto 17, 2020
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Este artículo en el mes de Virgo ha sido previamente publicado en el 2016.

Los doce meses del año, los doce signos del Zodíaco y las letras que los crearon son un puente espiritual entre la humanidad y los muchos aspectos de la Luz del Creador. El mes de Elul, o Virgo, es el sexto mes del año y es considerado como el último porque es el mes que antecede a Rosh Hashaná, el momento en el que toda la humanidad puede reprogramar su destino para el año entrante.

Hay tantos aspectos dinámicos en este mes que sería casi imposible cubrir todos sus secretos, toda la sabiduría, toda la energía que el Creador puso a nuestra disposición. Lo que espero poder transmitir es el gran amor que el Creador ha infundido en los siguientes 30 días.

Sabemos que usualmente estos días son considerados como un tiempo de reconciliación, es decir, un tiempo de reencuentro. La restauración de una relación, una conciliación entre Dios y nosotros. La palabra Elul es un acrónimo de Aní ledodí vedodí li. “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”, estas palabras describen el gran amor del Creador por lo creado y el nuestro por Él.

Después del pecado del becerro de oro el 17 de Tamuz, Moshé pasó 40 días orando a Dios para que el pueblo no fuese eliminado de esta Tierra. Dios escuchó sus súplicas y aceptó perdonarlos. A pesar de que hubo perdón, este no restauró la energía que fue perdida por la acción del pueblo ni la unión que existía entre este y el Creador. Las oraciones de Moshé le ahorraron un castigo a la nación, pero no repararon la conexión.

Oró nuevamente desde Rosh Jódesh Elul (la Luna Nueva de Virgo) hasta Yom Kipur, pero esta vez no por perdón sino por restauración. Dios aceptó y en este tiempo renovó Su amor, concediendo una vez más Su presencia en la nación. Elul es el tiempo de esta cercanía renovada. Con sus oraciones, Moshé despertó la energía de arrepentimiento en este mes, la cual abrió el canal para la reparación de toda la humanidad para siempre. Después del perdón del pecado del becerro de oro vino una relación con Dios basada en miedo, pero en el mes de Elul, el miedo se convirtió nuevamente en amor.

En el Séfer Yetsirá, el Libro de la Formación, fuente de sabiduría que describe la formación espiritual y física del mundo incluyendo información sobre los meses, encontramos esta esencia de Elul, la cual fue reactivada por Moshé. La descripción que hace el Séfer Yetsirá de Elul nos dice que Dios “entronizó a la letra Yud mediante acciones y le adhirió una corona para formar la constelación de la doncella en el espacio”. La palabra “doncella” nos ayuda a entender que la Shejiná está presente en este momento, ella restaura lo que una vez vivimos de manera fragmentada y lo une de nuevo. Tal y como nos dice el Zóhar, el signo de la doncella —betulá, la virgen— es la reparación de ayer, hoy y mañana. Por supuesto, no es coincidencia que este sea el símbolo astrológico del mes de Virgo. La virgen representa la manifestación más pura posible, una vasija que puede recibir la realidad perfecta conocida como el Árbol de la Vida.

El Rav nos recordaba que Elul no es un momento de arrepentimiento o Teshuvá, sino un tiempo de Tashuv-Hei. Tashuv significa regresar en el tiempo hasta antes de equivocarnos, antes de errar, al momento sin mácula causada por el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Este es el secreto más importante de Elul: con la ayuda de la fuerza de Mercurio, el planeta que controla al mes de Virgo, podemos viajar en la conciencia, y quizá en hecho, desde el mundo físico en el que vivimos al puro y perfecto universo virginal de la presencia de Dios. Podemos regresar en el tiempo a cuando le hicimos daño a alguien o a nosotros mismos para hacer las cosas de manera distinta, de esa manera regresaremos al presente renovados y conectados con la Luz nuevamente.

Imagina la gracia que se nos está dando para desarraigar el remordimiento, una de las principales fuentes de nuestro dolor.

Además, cuando el Rav habla de Hei se refiere a la Hei final en la que nuestro Deseo de Recibir se transforma en otro tipo de energía. Revisar esa cualidad de nuestro deseo personal de recibir nos permite sembrar una nueva semilla que producirá un futuro sin el efecto del dolor que causamos. De esta manera, transformamos nuestro ADN y, en efecto, nos convertirnos en una nueva persona. En Rosh Hashaná, cuando enfrentamos a nuestro creador el día de Din, juicio, no hay necesidad de disculpas ni perdón. Ya que al corregir nuestra vasija podemos decir tranquilamente: “No fui yo”.

Por supuesto, hay una condición al aceptar este regalo: evitar que el nuevo yo repita una vez más las acciones que dañaron mi conexión y, finalmente, al igual que el Creador, permitir que los demás sean como personas nuevas ante mis ojos.

Este tiempo es tan poderoso que Rav Brandwein, maestro del Rav, dijo que si usáramos el mes de Elul por completo, no necesitaríamos la herramienta de Rosh Hashaná. Así pues, nos conviene aprovechar al máximo este tiempo, hacer que estos días sean de reflexión sobre nuestro pasado y nuestras bendiciones y, además, hacer que sean merecedores de este regalo que recibimos.

Por favor, recuerda que es muy importante ser amable contigo mismo y con los demás durante este proceso. Es muy fácil ver las cosas que no nos enorgullecen y mortificarnos, pero esta no es la intención de la Luz ni el camino de la Luz. El propósito de estos treinta días, y el regalo de la cercanía del Creador en este momento, es llevarnos al instante de cambio. Durante estos días recibimos el amor y el espacio para hacerlo.

Te deseo amor y gracia durante este mes y siempre!


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