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La necesidad constante de recordar a la Luz

Michael Berg
Junio 3, 2020

A menudo hablamos acerca de nuestro anhelo y deseo por devekut, la completa unificación con la Luz del Creador, pero ¿cuáles son las formas prácticas para poder alcanzarla? A fin de poder tomar este concepto de unificación de nuestra alma con la Luz del Creador y volverlo mucho más práctico, Rav Áshlag escribe que hay dos lados en nuestro trabajo espiritual. Un lado es una conexión emocional o espiritual con el Creador y por la que se espera que estemos trabajando. Y ese lado está acompañado con un conocimiento, un saber, del Creador. Dicho conocimiento, como mi padre, Rav Berg, siempre nos recordaba, tiene que ver con la conexión.

Sin embargo, una conexión que conduzca hacia el conocimiento no es simplemente un sentimiento espiritual que una persona pueda tener; existe un verdadero conocimiento que se deriva de esta conexión. Rav Áshlag dice que este es el estado supremo de conocimiento el cual deberíamos estar esforzándonos por alcanzar. Y lo que es más importante, nos dice Rav Áshlag, es cómo obtenemos el estado supremo de conocimiento, conciencia y cognición: por medio de recontarle a nuestro corazón, o de recordarle a nuestro ser, constantemente, la existencia de la Luz del Creador. Es así como alcanzamos la unificación con la Luz del Creador; un conocimiento real de la Luz del Creador y una conexión con esta.

La relación entre nosotros y la Luz del Creador debería llegar a un estado en el que nuestra percepción y conciencia de ella son claras y obvias —en lugar de estar basadas en la fe o en la creencia—, como un verdadero conocimiento visceral de la Luz del Creador, en donde llegamos al estado en el que estamos hablando con el Creador como si estuviéramos hablando con un amigo.

Cuando estamos delante de un amigo, teniendo una conversación, no tenemos que decirle a nuestra mente que nuestro amigo existe, porque es obvio para nosotros. Está parado frente a nosotros, estamos conversando con él, y allí está esa relación y esa conexión. No hay duda en nuestra mente con respecto a esa interacción y conexión; estamos claros en ello y comenzamos a desarrollar nuestra conversación con base en ello. ¿Por qué? Porque nuestros ojos, en quienes confiamos, nos dicen que nuestro amigo está allí. Sentimos que nuestro amigo está allí, que puede escucharnos y que sus oídos están abiertos para nosotros. Hemos llegado a pensar que esa prueba visceral lo confirma. No existe duda en nuestra mente de que nuestro amigo está parado delante de nosotros. El conocimiento de nuestro amigo con el que estamos conversando es claro, no tenemos que creer ni dudar que está allí. Es tan cierto en nuestra mente y en nuestro corazón como cualquier otra cosa que sabemos que es verdad. Por ello, mientras hablamos con él, tenemos una conversación fluida.

Pero piensa, por ejemplo, cuando tienes una mala conexión en tu teléfono celular. La conversación no fluye, porque decimos algo y no estamos seguros de que nuestro amigo nos escuchó o de que aún siga en la línea. Luego nuestro amigo dice algo y no estamos seguros de que lo escuchamos bien… esa no es una conversación fluida. Y una conversación fluida es muy necesaria, porque depende de la certeza en la conexión. Una conversación fluida está basada en la certeza en el conocimiento de que la persona con la que estamos conversando y con la que estamos conectados está allí, de forma absoluta y sin lugar a duda. Esto es, como Rav Áshlag lo llama, el conocimiento dentro de nuestra mente y de nuestro corazón.

Rav Áshlag usó el ejemplo de estar sentados en una silla de espaldas a nuestro amigo, de tal modo que nuestros ojos no ven que nuestro amigo está allí y nuestros oídos no necesariamente lo escuchan muy bien. Así que aunque sabemos que él está allí, nuestra certeza acerca del proceso de comunicación disminuye. En ese momento, nuestra conversación es la manifestación de un nivel de conexión que ya no va a ser claro. No va a ser una conversación fluida, aunque sabemos en nuestra mente que nuestro amigo desde luego está sentado justo detrás de nosotros.

Así que vamos a imaginar esa realidad. Intentamos tener una conversación con alguien que está sentado detrás de nosotros. Estamos sentados tan cerca como si estuviéramos de frente, pero ya nuestra conversación es todo un desastre. Será una conversación que no fluye, interrumpida por la falta de claridad que los cinco sentidos nos permitirían percibir si nuestro amigo estuviera sentado frente a nosotros. Este tipo de conversación no funcionará muy bien, dice Rav Áshlag, porque nuestro corazón no está afianzado en esta conexión. Sin embargo, cuando nuestro amigo está sentado frente a nosotros, nuestros ojos lo ven y sabemos que sus oídos nos escuchan, nuestro corazón está claro y seguro con respecto a esa conexión, por ende, podemos tener una conversación fluida. Pero la perturbación sobre la claridad de la existencia de nuestro amigo cuando estamos sentados de espaldas a él y nuestros ojos no pueden verlo ocasionan una conversación que ya no puede fluir. Debido a esa duda que se ha despertado dentro de nuestro corazón, la conversación ya no puede ser directa.

Y esto es lo que dice en la Torá, que el propósito del trabajo espiritual y el propósito del estudio espiritual es lo que se conoce como el recordatorio constante en nuestro corazón; el proceso de despertar esa conexión y certeza constantes… Conocimiento constante. Tiene que ser ese retorno de la Luz del Creador a nuestra conciencia y a nuestro corazón, de modo tal que conversar con la Luz del Creador se convierta en algo fluido y no en una conexión interrumpida; una conexión interrumpida no siempre trae Luz.

Dice en el Talmud que si nuestras oraciones fluyen, estamos seguros de que serán respondidas. Cuando nuestra conexión con la Luz del Creador es fluida, lo que significa que hemos llegado a un nivel de conocimiento sin duda en la conexión que tenemos con la Luz del Creador, entonces todas nuestras oraciones serán respondidas y cada conexión que hagamos revelará Luz. Cuando es una conexión con interrupciones y en la que está la duda o la falta de claridad en el nivel de la existencia del Creador, no todas las oraciones serán respondidas o reveladas.

Así que esto es lo que significa cuando dice que necesitamos saber y traer a nuestro corazón. Significa que el estado supremo de existencia espiritual es cuando nuestra relación, certeza y conocimiento con la Luz del Creador son despertados mediante recordatorios constantes. Por lo tanto, a lo largo del día, tenemos que seguir recordándonos, diciéndonos y enfocándonos tanto en la existencia de la Luz del Creador como en que todo es la Luz del Creador. Y por ende, el trabajo tiene que estar enfocado.

Rav Áshlag utiliza el término “trabajo duro”. Tenemos que hacer el trabajo difícil de recordar la existencia de la Luz del Creador a nuestro alrededor y en todo. Eso nos conduce al nivel de conocimiento del Creador. Y por lo tanto, Rav Áshlag dice que si estamos trabajando duro y diligentemente por despertar ese nivel de conocimiento de la existencia de la Luz del Creador, llegaremos al nivel de lo que se conoce como emuná, el nivel supremo de certeza. Y que después se volverá tan fuerte que alcanzaremos el estado supremo de devekut, el estado supremo de unificación, con la Luz del Creador.