¿En qué piensas cuando escuchas la palabra “entregarse”? La mayoría de las personas la asocia con rendirse, renunciar o sacrificar algo. Pero la entrega no tiene que implicar un final: puede ser un comienzo y el umbral hacia la libertad verdadera.
Vivimos en un mundo de cambio constante. Amigos que se mudan, hijos que abandonan el hogar cuando crecen, profesiones que dan giros inesperados. Esto puede hacernos sentir como si no tuviésemos control en la vida. Así que, para compensar esto, a menudo construimos estructuras en nuestra vida con listas, agendas apretadas y rutinas. Desde luego, no hay nada malo en planificar, pero ¿qué ocurre cuando la vida rompe nuestra agenda perfectamente estructurada? Puede ser frustrante, perturbador y a veces completamente devastador.
La vida siempre se desarrolla de maneras inesperadas y solo hallamos la paz cuando soltamos. He aquí tres consejos para ayudar a encontrar la libertad en la entrega:
1. No estás en control; estás en una sociedad con el Creador. Piensa en lo que ocurre si abres un puesto de limonadas. Puedes mezclar la limonada, encontrar el lugar perfecto e instalarte, pero si comienza a llover tendrás dificultades para vender limonada ese día.
Nos gusta pensar que, siempre que estemos en control, todo será perfecto. Pero en realidad nunca tenemos control absoluto. La verdad es que estamos en una sociedad con el Creador en todos los aspectos de la vida y el papel del Creador es mucho más grande que el nuestro. Nuestra tarea es hacer el trabajo espiritual difícil, hacer el esfuerzo y motivarnos a ser personas más generosas y altruistas, y entonces el Creador hará el resto. No podemos controlar el resultado o el rumbo que nuestra vida tomará.
Intentar controlar nuestra vida de hecho crea una barrera que impide que seamos exitosos. Aceptar que no estamos en control nos permite hacer espacio para el Creador, una fuerza que quiere apoyarnos en todas las cosas. Cuando te entregas, te conviertes en un cocreador. Aun si experimentas dificultades y dolor, da un paso atrás y observa que hay un universo hermoso a tu alrededor y reconoce que hay una fuerza que quiere entrar en tu vida y apoyarte.
2. Concéntrate en lo que puedes controlar. Dedicamos demasiada energía a intentar cambiar lo incambiable. Nos preocupamos por lo que los demás piensan de nosotros, pasamos tiempo intentando ser perfectos o intentando ser algo que no somos. ¿Qué ocurriría si te deshicieras de esos miedos? ¿Qué te quedaría por controlar?
Si no puedes cambiar algo, considera cederlo. La entrega no se trata de rendirse, significa reorientar tu energía hacia lo que está en tu control y soltar aquello que no lo está. Consiste en actuar y reaccionar de maneras que fomenten tu crecimiento cuando la vida se desarrolla de formas inesperadas. Cuanto más control sueltes, más libertad obtendrás.
3. Practica soltar el control en las pequeñeces para hacer más fáciles las cosas grandes. La vida está destinada a ser un proceso para aprender la entrega, ¡y la práctica hace al maestro! Entregar el control no es fácil. Incluso cuando sabemos que deberíamos hacerlo, implica esfuerzos enormes y recordatorios constantes.
Recibimos oportunidades cotidianas para entregar el control de formas pequeñas; simplemente tenemos que estar atentos. Practica ser flexible en situaciones simples: no te alteres si la cena se quema o si la orden de tu café no es la correcta. Entrégate y entrégate de nuevo hasta que comience a sentirse como una parte natural de tu personalidad. Hacerlo de esta manera lo hace mucho más fácil cuando sea momento de soltar cosas grandes y caóticas.
Soltar puede ser atemorizante, pero también es una oportunidad emocionante para cambiar la manera en que experimentas la vida. Cuanto más intentes controlar, más decepcionante y frustrante se vuelve la vida. Confía en que el Creador sabe qué es lo mejor para ti y que es una fuerza que te orienta y respalda. Suelta y ábrete a la corriente del Creador.