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Cómo ser un imán de las chispas de Luz

Michael Berg
Julio 7, 2021
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Shabat Matot-Maséi es uno de los tres Shabat que coincide con el período que llamamos Bein HaMetsarim, “Las tres semanas negativas”, y la porción Maséi habla de los 42 viajes, las 42 estaciones, por las que los israelitas pasaron desde que dejaron Egipto hasta que llegaron a la tierra de Canaán, la tierra de Israel. Los kabbalistas explican que cuando leemos sobre estas 42 estaciones no estamos leyendo historia, sino sobre la vida de cada persona. Cada uno de nosotros, estemos conscientes o no, pasa por estas mismas 42 estaciones; desde la concepción del alma hasta su Corrección Final, hay 42 estaciones. Por lo tanto, cuando leemos sobre las 42 estaciones, no se trata simplemente de historia, sino que esto engloba cada aspecto de nuestra vida, desde lo que ya superamos hasta las partes, o estaciones, a las que llegaremos a través de la elevación y la corrección.

Así pues, en esencia, el gran kabbalista Rav Jayim ben Atar dice que toda esta discusión consiste en la elevación de las chispas. Tal y como hemos hablado antes, el propósito de nuestra alma desde que fue creada es tomar chispas de Luz que están en la oscuridad y elevarlas a una nueva y renovada conexión con la Luz del Creador. Cuando una cantidad suficiente de dichas chispas sean elevadas con nuestro trabajo, alcanzaremos el Guemar HaTikún, el Fin de la Corrección. Y está escrito que el deseo del individuo es lo que eleva esas chispas.

Los israelitas viajaron de un lugar a otro y no siempre estaban conscientes de la Luz que estaba disponible para ellos en cada lugar. Sin embargo, si a lo largo de los viajes y los desafíos ellos hubiesen mantenido claridad de conciencia y deseo de conexión con la Luz del Creador, entonces, sin importar si eran conscientes de ello o no, las chispas de Luz habrían salido de la oscuridad y se habrían adherido a sus almas y se habrían elevado a través de ellos. Así pues, el entendimiento en esto es que el proceso de elevar estas chispas no siempre es un proceso consciente. La mayor parte de las chispas que necesitamos para elevarnos son subconscientes.

Rav Jayim ben Atar usa el ejemplo de un imán; cuando una persona tiene el deseo de conectarse con la Luz del Creador, se convierte en un imán de chispas. Cuando vamos caminando por la calle, hay chispas allí esperando a que nosotros nos convirtamos en imanes para atraerlas. ¿Cuál es el poder que atrae esas chispas? Esa es la claridad de conciencia y el deseo de conexión con la Luz del Creador.

Una persona pudo haber pasado por la misma calle durante los últimos cinco años, pero hoy, si por primera vez se encuentra en un estado de claridad y tiene el deseo de conexión real con la Luz del Creador, esas chispas saltarán y se adherirán a dicha persona. No obstante, desafortunadamente, esa misma persona puede caminar por esa calle en donde están esperando sus chispas por cincuenta años sin deseo de conexión con la Luz del Creador y, en consecuencia, las chispas no saltarán ni se adherirán a ella. De esto aprendemos que una de las lecciones más importantes no solo de estas tres semanas, sino también de Shabat Matot-Maséi, es la importancia de luchar por el deseo de conexión. Debido a que no es simplemente que el deseo de conexión sea una herramienta que nos lleva a conectarnos, sino que también es la herramienta más poderosa para atraer toda la Luz y las chispas que necesitamos dentro de nosotros.

Hay una sección del Midrash que nos dice que Yirmiyahu (Jeremías) fue llamado el Profeta de la Destrucción porque él fue quien intentó despertar a los israelitas antes de la destrucción y nadie lo escuchó. Y está escrito que durante ese tiempo él iba por doquier diciéndole a la gente que debían despertar un deseo de conexión porque no se daban cuenta de que podían perder todas las bendiciones que tenían si no vivían con un deseo de conexión constante con la Luz del Creador. Pero nadie lo escuchó, la destrucción ocurrió y los israelitas fueron arrojados al exilio.

En una famosa sección de Salmos está escrito que se sentaron cerca del río de Babilonia y comenzaron a llorar por Yirmiyahu porque vieron que él los dejaba, ellos le decían: “¿Cómo puedes dejarnos ahora que tenemos tanto deseo de conexión?”. Aquí, al hablar de llorar, nos referimos específicamente a la necesidad de nuestra alma de conectarse con la Luz del Creador. Por eso, Yirmiyahu les responde que de haber llorado una vez en el momento en que él les habló por primera vez cuando aún estaban en la tierra de Israel, nada de eso habría pasado. Yirmiyahu les dijo que si hubiesen llorado solo una vez cuando él trató de despertar verdadero deseo, no habría ocurrido ningún dolor ni destrucción.

De eso se tratan estas tres semanas, tanto de sentir la distancia entre nosotros y la Luz del Creador como de despertar ese deseo. Y ahora entendemos aún más que ese deseo es lo que atrae Luz a nosotros.

Por ejemplo, si hoy vamos caminando por la calle y tenemos claridad de conciencia y deseo, sentimos la distancia entre nosotros y la Luz del Creador, y queremos crear una conexión real. Luego esa chispa de Luz de la misma calle por la que hemos caminado por muchos años ve que hay deseo. Y esa chispa de Luz también tiene deseo, ya que ha estado perdida por tantos años y se ha adherido a la llamada similitud de forma. En consecuencia, la chispa de Luz dice: “Me adhiero a ti porque tú también tienes deseo”.

De esto aprendemos que la importancia del deseo está al menos dividida en dos. Primero, las chispas de Luz que nosotros, y el mundo, necesitamos para elevarnos están esperando a nuestro alrededor… pero no simplemente para que lleguemos y nos conectemos o para realizar una acción de compartir. Debido a que si bien esas acciones ciertamente revelan determinada cantidad de Luz, es el deseo lo que atrae la Luz hacia nosotros, no solo conscientemente, sino aún más importante, subconscientemente.

Mientras más vivamos con deseo de una verdadera conexión con la Luz del Creador, ni siquiera nos daremos cuenta de dónde viene toda esta Luz, debido a que no proviene necesariamente de nuestras conexiones; viene de todas estas chispas que han estado esperando que despertemos deseo. Y eso es lo que ocurrió con los israelitas en el desierto. ¿Por qué estuvieron allí por cuarenta años? Porque durante esos cuarenta años las chispas de Luz que estaban en el desierto estuvieron esperando deseo. Esperaban que los israelitas viajasen de un lugar a otro.

¿Por qué los israelitas tuvieron que ir de un lado al otro del desierto? Porque no tenían el deseo. Y viajar aquí representa los viajes de vida, cada uno de los viajes de nuestras vidas individuales y encarnaciones. Así pues, ¿cómo nos elevamos y completamos ese viaje? Solo con deseo. Si hacemos cincuenta años de trabajo, compartimos y nos conectamos sin despertar deseo, entonces no podrán adherirse a nosotros todas esas chispas perdidas que están esperando ser elevadas y convertirse en parte de nosotros para ayudarnos y traernos Luz y bendiciones.

En eso consiste la porción de Maséi: la claridad de que despertar un deseo de conexión con la Luz del Creador es más importante que la conexión o la acción en sí. Y esa es una de las preguntas más importantes que debemos hacernos, no solo durante Shabat Matot-Maséi, sino también en estas tres semanas. ¿Qué tan grande es nuestro deseo? Sin decir: “Yo hago el trabajo espiritual, por eso voy bien”, sino preguntándonos si lo estamos haciendo con deseo. Porque el deseo de conexión es más importante que la conexión en sí.


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