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Cómo aumentar nuestra Luz exponencialmente

Michael Berg
Julio 28, 2021
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En la porción de Ékev está escrito que el Creador es un poseedor confiable de nuestra Luz. Pero ¿qué significa eso? ¿Cuál es el secreto, el entendimiento y la conciencia de esas palabras? Para responder esa pregunta, los kabbalistas en el Midrash cuentan una historia sobre el suegro de Rav Shimón bar Yojái, un gran sabio llamado Rav Pinjás, el hijo de Yair, quien vivió en una ciudad al sur de Israel.

La historia cuenta que un grupo de comerciantes llegó a hacer negocios en la ciudad en donde vivía Rav Pinjás ben Yair. Ellos tenían una determinada cantidad de semillas de cebada y, como iban a estar viajando haciendo negocios, le pidieron a Rav Pinjás ben Yair que les guardara las semillas. Sin embargo, después de que los comerciantes terminaron sus negocios, regresaron a casa y olvidaron las semillas de cebada.

Por eso, cada año, Rav Pinjás ben Yair plantaba las semillas por ellos y, lo que cosechaba, lo guardaba. Cada año tomaba lo que había cosechado el año anterior y lo plantaba nuevamente, lo cual producía una cantidad aún más grande. Él la cosechaba y almacenaba cada vez más y más. Después de siete años, los comerciantes regresaron a donde Rav Pinjás ben Yair y le pidieron la cebada. Él los llevó a los almacenes llenos de cebada y les dijo que todo era de ellos porque la pequeña cantidad de cebada que le dieron para que guardara hace siete años se había convertido en todo eso.

Los kabbalistas enseñan que esta historia nos cuenta que hay una manera en la que cada acción que hacemos, cada cantidad de Luz que revelamos, puede expandirse diez veces, cien veces o mil veces. ¿Cómo? ¿Cómo nuestra Luz produce más Luz? Al contar la historia, los kabbalistas usan una afirmación muy importante. Dicen que los comerciantes “olvidaron su cebada”; esto nos enseña que la única manera en la que cualquier Luz que revelemos se convierta en un creador infinito de aún más Luz es olvidar lo que hicimos. Tenemos que olvidar lo que hemos logrado.

La mayoría de nosotros, desafortunadamente, olvida las cosas malas que hace pero no las buenas. Nuestro ego se asegura de que nos aferremos a lo bueno; decimos: “Hice esto por esa persona. Hice aquella gran acción espiritual, etc.”. Vemos esto cuando estamos molestos con alguien y nos decimos, consciente o inconscientemente: “Yo, con todo lo que he hecho, ¡¿cómo puede él hacerme eso?! ¡¿Cómo puede esta persona tratarme así?!”. Tenemos un buen cálculo de toda la Luz que hemos revelado y todo lo bueno que hemos hecho; nos aferramos a eso y no lo olvidamos. Pero el Creador nos enseña en Shabat Ékev que si nos aferramos a lo que hemos hecho, si nos aferramos a lo que hemos revelado, no será fructífero. No crecerá ni producirá más.

Así pues, ese es un entendimiento: cada aspecto, cada chispa de Luz que revelamos, puede y está destinada a expandirse exponencialmente, pero solo si lo soltamos. Solo si lo olvidamos. Ese es un nivel de entendimiento. Ahora, es importante que entendamos el concepto espiritual que está detrás.

Rav Áshlag enseña que cualquier Luz revelada en cualquier mundo por cualquier persona tiene que venir del Mundo Infinito, eso significa que si estamos disfrutando beber agua, por ejemplo, ese disfrute viene de la chispa de Luz que está dentro de esa agua. Y esa chispa de Luz con la que nos estamos conectando viene del Mundo Infinito. Esto significa que cada chispa de Luz con la que nos conectamos —cada sensación de dicha, plenitud y felicidad— fluye desde el Mundo Infinito hacia la experiencia que estamos teniendo en ese momento. Esa es la primera regla espiritual: toda Luz que experimentamos se origina en el Mundo Infinito y proviene de allí.

La segunda regla espiritual que Rav Áshlag enseña es que no hay desaparición en la Luz o en los aspectos espirituales. ¿Qué significa esto? Por el bien de esta discusión, digamos que hay un millón de etapas entre nuestra existencia y el Mundo Infinito (aunque hay más). Cuando una persona experimenta o revela una pequeña gota de Luz, esa gota provino directamente del Mundo Infinito y pasó por un millón de mundos para llegar a este, y esa chispa de Luz deja la misma cantidad de Luz en cada mundo por el que pasó. Se va y fluye, pero nunca desaparece de la etapa en donde estaba.

Por eso, cuando entendemos que cada gota de Luz que alguna vez hemos revelado en realidad ha revelado al menos un millón de gotas de Luz, comenzamos a entender este concepto de que nuestras acciones y conexiones son fructíferas y se expanden exponencialmente. Tal y como sabemos, existe lo que se llama Luz Directa y la Luz Retornante. La Luz nunca está quieta; siempre viene a este mundo y regresa a los Mundos Superiores. Si nosotros, como dijimos, nos desprendemos de nuestras acciones, luego nuestro mundo, como en la historia de Rav Pinjás ben Yair, recibe cada vez más Luz de esas acciones. Por lo tanto, si nuestro ego no se aferra a cada acción que hacemos, crea un gran depósito de Luz.

Es muy importante que entendamos esto porque las acciones pequeñas no existen. Si una persona abre el Zóhar hoy, lee una palabra y se desprende de esa acción, luego, una semana después, habrá diez o veinte veces más Luz que la cantidad de Luz revelada con la acción inicial de abrir del Zóhar. Imagina dentro de un mes, dentro de un año, esa pequeñísima acción habrá creado un increíble depósito de Luz.

Es importante entender este concepto: si nos desprendemos de nuestras acciones, nuestra Luz puede ser fructífera y podemos crear una infinita cantidad de Luz. Ya que sabemos que la conciencia lo es todo, mientras más grande sea nuestra conciencia de esta regla espiritual, más grande es el efecto que tendrá y, por lo tanto, más Luz podemos crear exponencialmente. Es un enorme regalo de conciencia que recibimos en Shabat Ékev.


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