Elevarse para ver lo bueno
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Elevarse para ver lo bueno

Shimon Keene
Junio 4, 2014

Una Parábola de Behaalotjá

La porción de la Torá titulada Behaalotjá significa “elevar”. En esta porción hay dos letras arameas invertidas (Nun) escritas en el pergamino. Nun se refiere a nefilá, o “caída espiritual”; por ende, la letra Nun representa todo el poder del Adversario. La Nun en Behaalotjá mira en sentido contrario para representar lo opuesto a la caída y ofrecernos así la habilidad para adentrarnos a un constante estado de certeza y elevación. La letra Nun tiene un propósito en nuestra vida ya que nos provee con la prueba de la caída para que las podamos superar. La caída y el sufrimiento que experimentamos esta semana nos dan la oportunidad para transformar esa negatividad en elevación.

Uno de los indicadores de que estamos cayendo es cuando comenzamos a enfocarnos en lo que está mal. Mi maestro, el Rav Berg, una vez preguntó: “¿Por qué es tan fácil ver lo que está mal?”. Después de una larga pausa, continuó: “La respuesta yace dentro de las enseñanzas del Centro de Kabbalah”.

En el Centro de Kabbalah aprendemos que nuestra alma vino a este mundo a volverse la causa de su propia realización al merecer la Luz. Así que, si ver lo bueno y enfocarnos en los que está bien representa un nivel elevado, entonces ciertamente tenemos que ganarlo.

Luego me di cuenta de que incluso la respuesta que el Rav dio, la cual era bastante general, ¡me permitió realizar ese esfuerzo para merecer la respuesta específica por mí mismo!

¡El que no se nos entreguen todas las respuestas era la respuesta! La razón por la cual es tan fácil ver lo que está mal es porque debemos merecer ver lo que está bien.

La porción del Zóhar de Trumá indica: “El espíritu de la impureza está siempre listo libremente y por nada y es adquirible sin pago, porque obliga a la gente sobre la que mora y los atrae para que moren con él. Tienta a aquéllos a hacer su habitación con él en muchas maneras. El espíritu de la santidad no es de esta manera, sino sólo con pago completo y gran esfuerzo, y por purificarse a sí mismo y purificar su habitación con el deseo de su corazón y su alma".

El Rav una vez compartió una historia que ilustrará un poco más la alegría de hacer un esfuerzo.

Erase una vez un hombre en la Mafia con una historia de asesinatos y robos, un verdadero criminal. Luego de morir, llegó al cielo y vio dos filas. Una de ellas iba hacia el paraíso, la otra hacia el infierno. El hombre decidió formarse en la fila hacia el paraíso. Para su sorpresa, nadie le dijo nada y obtuvo un ticket hacia el paraíso. Al entrar, un ángel lo recibió y le preguntó qué quería. “Me gustaban las mujeres en nuestro mundo” respondió el hombre. El ángel, con el chasquido de los dedos, trajo inmediatamente mujeres para el hombre. El ángel luego preguntó: “¿qué más quieres?”, el hombre respondió: “Comida italiana”. Con otro chasquido de sus dedos, el ángel le dio una pizza. Todo lo que el hombre quería, lo recibía inmediatamente. Luego de un tiempo, el Mafioso le dijo al ángel: “Sabes, una vez fui un ladrón de bancos ¿Crees que puedes arreglar algo así para mí?”, el ángel le dijo: “¡Sí, claro!” y preparó un escenario bancario para él. El hombre fue al banco, tomó el dinero y partió. Nadie opuso resistencia. El hombre le preguntó al ángel: “¿No hay nada de acción aquí? ¿No hay alguien a quien pueda dispararle?”. Entonces el mafioso dijo: “¿sabes? Preferiría estar en el infierno”. En ese momento, una voz divina dijo: “¿Dónde crees que estás?”.

¿Por qué todavía preferimos tomar el camino fácil? Por el Oponente, el Adversario; ¡porque ése es su trabajo! A nivel de la semilla es el Oponente quien nos persuade para que caigamos. Por ejemplo: al hacer que nos enfoquemos en lo que está mal haciéndolo parecer como una recompensa, Así que ¿el Oponente es bueno o malo? Ninguna de las dos; solamente está haciendo su trabajo de ayudarnos a merecer el siguiente nivel de Luz y plenitud.

Esta semana se trata acerca de vencer al Oponente y su arma principal: la duda. El Rav enseñó que “uno no tiene que destruir la duda, uno sólo tiene que reconocerla como algo que viene del Oponente”. Dudamos que el esfuerzo que hacemos ahora nos traerá plenitud duradera después. Pero para ganar cualquier juego, necesitamos un Oponente, así que el Adversario hace que el tomar el camino fácil se sienta tan gratificante, incluso si no lo es. Esta semana recibimos la fortaleza para reconocer nuestra duda, para dejar de caer y para elevarnos al nivel de ver sólo lo que está bien.

No es una tarea sencilla, ¡pero ése es el juego de la vida!