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La verdad acerca de mentirles a tus hijos

Monica Berg
Abril 18, 2019

¿Cuán sincera eres con tu familia y amigos? Quizá te des una muy alta calificación en la escala de la honestidad. Yo también lo hago; la sinceridad es un valor conforme al cual vivo genuinamente y aspiro alcanzar por mis hijos. Sin embargo, ha habido momentos en los que uno de mis hijos ha hecho una pregunta difícil y tuve que enfrentar el dilema de cuánta verdad debía revelar. Los padres podemos omitir información fácilmente cuando tratamos asuntos delicados con nuestros hijos. Tomamos en cuenta muchos factores: cosas como su nivel de madurez, sus experiencias previas, cómo procesan las cosas, cómo lo que les diremos afectará sus decisiones futuras, incluso hasta qué hora del día es. ¡Y solemos evaluar todo eso en fracciones de segundos! En momentos así podemos ofrecerles inconscientemente a nuestros hijos semiverdades con el fin de intentar protegerlos del dolor, la ansiedad y el temor. He pisado esta raya muchas veces, no solo como madre sino como amiga, familiar y colega.

"Tenemos la responsabilidad espiritual de vivir sinceramente."

La autora Meg Rosoff cuenta su experiencia en navegar las difíciles verdades como padres en un artículo que escribió para The Guardian. Rosoff supo que tenía cáncer de mama en 2004. En aquel momento su hija tenía siete años. Ella compartió la noticia con su hija y le explicó que todo estaría bien. La recuperación de la autora de ningún modo era algo seguro. Aún así, Rosoff y su esposo enfrentaron el tratamiento y el proceso de sanación con una actitud alegre. Y claro que así lo hicieron, los padres naturalmente quieren proteger a sus hijos de situaciones atemorizantes. Estaban intentando enseñarle a su hija que combatir el cáncer no era nada de qué preocuparse.

De lo que nadie estaba hablando era el hecho de que la hermana menor de Rosoff había muerto de cáncer de mama unos años atrás. La hija de la autora había visto a sus primos perder a su madre, lo cual naturalmente hizo que la posibilidad de perder a su madre fuera real y aterradora. Al reflexionar sobre esto tiempo después, Rosoff reconoció que al no haber sido completamente sincera con su hija acerca de la enfermedad y el proceso de recuperación, permitió que ella imaginara lo peor. “Al no explicarle la situación apropiadamente”, cuenta Rosoff, “de cierta manera omitimos dejarle claro que yo tenía muchos más malestares debido al tratamiento que a la enfermedad. Eso fue crucial. Piensen al respecto: ella escuchó que yo tenía cáncer, a los días estaba hospitalizada, me quedé calva, perdí peso, me veía enferma y cansada, tenía el brazo derecho cubierto con una hilera de moretones por las transfusiones intravenosas. Ella había visto a mi hermana en una condición similar unos meses antes de que muriera. Lógicamente, Gloria pensó que me estaba muriendo”.

La mayoría de los padres les piden a sus hijos únicamente la sinceridad más estricta. Pero nosotros podemos ofrecerles respuestas poco sinceras a nuestros hijos, lo cual crea una clase de vía de comunicación unidireccional. Esperamos que nuestros hijos nos muestren respeto al ser sinceros con nosotros, pero no siempre les ofrecemos lo mismo. Normalmente omitimos mucha información o ignoramos detalles incómodos, y les damos solamente una visión parcial de una situación; unos cuantos cabos que ellos deben atar solos, e inventan historias o explicaciones con la ayuda de sus propios temores y suposiciones.

"Acompañar a nuestros hijos a lo largo de las dificultades les da las herramientas que necesitan para convertirse en adultos resilientes."

Los kabbalistas enseñan que tenemos la responsabilidad espiritual de vivir sinceramente y conectarnos con la Luz con la intención de abrir los ojos a verdades universales más grandes. Esto es difícil. Como padres, aspiramos ofrecerles entendimiento a nuestros hijos sin el dolor que a veces viene con ello. Mi mentor, Rav Berg, solía decir que el proceso es el propósito. Esto es cierto tanto para adultos como para niños. Acompañar a nuestros hijos a lo largo de las dificultades les da las herramientas que necesitan para convertirse en adultos resilientes.

Un estudio reciente del Instituto Tecnológico de Massachusetts estudió la sensibilidad de los niños en captar sutilezas de los adultos. Los investigadores llegaron a la conclusión de que los niños pueden detectar cuando los adultos les mienten. Pero la profesora Laura Schulz quiso saber si los niños podían saber cuándo los adultos estaban diciéndoles la verdad aunque no toda la verdad. A través de una serie de experimentos con chicos y juguetes multifuncionales, los investigadores descubrieron que los niños pueden percibir cuando los adultos no les están dando suficiente información, lo cual afecta directamente cuán fiables e informados los chicos piensan que son tales adultos.

Con relación a estas conclusiones, Hyowon Gweon, autor principal de un ensayo que describe el estudio realizado por el Instituto Técnico de Massachusetts, dice: “Cuando alguien nos da información, no solo aprendemos de lo que se dice, también aprendemos algo de esa persona. Si la información es precisa y completa, entonces quizá también confíes en esa persona en el futuro. Pero si la persona te ha enseñado algo que está mal, ha cometido un error o ha omitido algo que es importante que sepas, entonces quizá querrías suspender tu confianza, tener dudas de la información que la persona te proporcione en un futuro e incluso buscar otras fuentes de información”.

Todo esto me parece increíblemente fascinante. Aunque puede que pensemos que es obvio, los niños son mucho más inteligentes e intuitivos de lo que les reconocemos. Algunos pueden considerar que los chicos son incrédulos y están llenos de inocencia, y que siempre recurren a nosotros para orientarse. Hablo por experiencia propia cuando digo: nos tienen vigilados.

"Los niños son mucho más inteligentes e intuitivos de lo que les reconocemos."

Cuando les contamos semiverdades a nuestros hijos, lo hacemos porque queremos protegerlos. Simple y llanamente. Pero en realidad solo nos estamos protegiendo a nosotros mismos de tener conversaciones que son difíciles o dolorosas. Como padres, este no es un lujo que podemos darnos. Nuestro trabajo es crear el espacio para estas conversaciones y tomar a nuestros hijos de la mano a lo largo de su camino en el mundo de los adultos. Cuanto mejor podamos hacer esto, más posibilidades tenemos de mantener su confianza en nosotros.

Karen Berg dijo: “La sinceridad es una cualidad de la Luz. Por supuesto, la sinceridad requiere valentía. Cuando vacilamos en decir la verdad, suele ser porque tenemos miedo de las consecuencias. ¡Y puede que a veces tengamos buenas razones para tener miedo! Pero incluso si la reacción inicial a nuestra sinceridad es accidentada, a veces es mejor que las piezas caigan por su propio peso. De esta manera, creamos espacio para que se forme algo más sólido y auténtico”.

Quiero dejar claro que no los estoy motivando a compartir detalles sobre situaciones de la vida que no son apropiadas. Por ejemplo, tu hija no se tiene que enterar que sus tíos se van a divorciar debido a una infidelidad. No obstante, puedes explicar que a veces las parejas en relaciones a largo plazo pasan por un cambio de sentimientos que no logran resolver; la única manera de avanzar es terminar la relación, desearse lo mejor y tomar caminos separados. Aplica la discreción y sé consciente del tipo de información que puede ser traumática o afectar negativamente las relaciones de tus hijos. Y nunca es bueno compartir chismes con los niños.

Los niños (sí, también los adolescentes) prefieren creer que estamos en control de las cosas. Somos como capitanes de un barco, navegamos con nuestra familia a través de cada tormenta que se avecine. Cuando fingimos que el cielo está despejado y que no hay necesidad de preocuparse, no estamos protegiendo a nuestros hijos de la angustia o el temor. En realidad estamos debilitando su confianza en nuestras capacidades para manejar una crisis, lo que quizá genere más angustia y temor. Es válido decirles que no estás seguro de cómo resultarán las cosas. Puedes reconocer la gravedad de una situación a la vez que les recuerdas todo lo positivo que hay en su vida. Tu sinceridad les da algo a lo cual sujetarse durante la tormenta.