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Cuando sea grande quiero cambiar el mundo

Monica Berg
Febrero 20, 2020

¿Qué quieres ser cuando seas grande?

¿Cuántas veces te hicieron esa pregunta cuando eras niño? ¿Qué contestabas?

Los adultos todavía les hacen esta pregunta a los niños, generalmente porque no saben qué más decir. Están en una reunión familiar con sobrinos y sobrinas corriendo, y tratan de conversar con ellos. Las respuestas de los chicos suelen ser predecibles: bombero, gimnasta, superhéroe. Es poco común que un niño diga su vocación deseada y que después realmente siga ese camino (especialmente cuando se trata de ser superhéroe). Aunque también es poco probable que algún día tengan profesiones que disfruten. Actualmente, 53 % de los estadounidenses que forman parte de la fuerza laboral están insatisfechos con sus empleos, y 33 % de ellos simplemente están aburridos; lo cual me hace creer que quizá les estemos haciendo a los chicos la pregunta equivocada.

Yo detestaba cuando los adultos me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande. Aunque nunca tuve la valentía para decirlo en voz alta, pensaba: “¿Acaso estás feliz con lo que haces en la vida?”. Según lo que podía observar, asumía que la respuesta era no. La creencia general es que los adultos jóvenes seguirán una carrera en algo que se adapte a sus habilidades y trabajarán en un área que quizá los aburra solo porque es una decisión favorable en términos económicos. Es una recompensa extra si de verdad disfrutas tu trabajo.

Entonces, ¿qué hace que la gente se sienta satisfecha con lo que hace? Una organización sin fines de lucro llamada 80,000 Hours hizo una lista con los seis elementos principales que hacen que un empleo sea satisfactorio. Estos son:

  • Es estimulante.
  • Eres bueno haciéndolo.
  • Tienes colegas solidarios.
  • Cubre tus necesidades básicas.
  • Se adapta al resto de tu vida.
  • Ayuda a los demás.

Observemos este último punto: ayuda a los demás. ¿Cuántas veces tu consejero estudiantil te preguntó cómo tus aspiraciones vocacionales podrían ayudar a los demás? Te diré cuántas veces me preguntó el mío: cero.

Los kabbalistas enseñan que venimos a este mundo por una razón muy importante, la cual es: hacer del mundo un lugar mejor. Si esto es cierto (y yo lo creo con todo mi corazón), ¿por qué no estamos motivando a nuestros hijos a tener esto en cuenta desde temprana edad? Muchos de mis estudiantes encontraron la sabiduría de la Kabbalah después de una profunda sensación de que no estaban cumpliendo su propósito supremo en la vida. Sus profesiones o estilos de vida ya no parecían tener sentido hasta que comenzaron a preguntarse cómo podrían servir y ejercer un cambio positivo en el mundo. Esto es particularmente cierto en empleos de gran importancia e ingresos. Tal como Rav Berg señala: “Hemos perdido de vista el verdadero propósito de nuestra existencia en este plano físico porque el Deseo de Recibir nos parece más real que la Luz, que es el Deseo de Compartir”.

Preguntarle a un niño qué quiere ser cuando sea grande es limitante, ya que en la medida que crecemos también crecen nuestros deseos e intereses. Esto puede ser muy aterrador para un adolescente. Les da la impresión de que deben elegir una vocación para toda su vida; lo cual es un prospecto bastante desalentador. Les pone demasiada presión para tener todo claramente definido. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., el estadounidense promedio tendrá 11,7 empleos diferentes a lo largo de su vida. Es muy poco probable que cualquiera de nosotros se apegue a una sola profesión. Dicho esto, ¿no sería más prudente seguir un camino inspirado por nuestra visión para el mundo y un deseo de compartir, en lugar de definirnos por una profesión específica?

La pregunta que realmente deberíamos hacerles a los niños (¡y hacernos todos nosotros!) es: ¿en quién queremos convertirnos cuando seamos grandes? En lugar de enfocarnos en el qué, quizá podríamos preguntarles a nuestros hijos el cómo y el por qué: ¿Cómo te gustaría mejorar el mundo? ¿Por qué esto te parece importante?

Las familias, las comunidades y las culturas a menudo se concentran demasiado en lo que no es importante y no hacen suficiente énfasis en lo que sí es. Preguntarle a un niño qué quiere ser les enseña lo que la sociedad valora y lo que los demás creen que es posible, en lugar de motivarlos a pensar más allá de los límites: imaginar un mundo mejor y luego trabajar por ese ideal. Los adultos ejercen una influencia enorme en los niños y pueden enviarles inadvertidamente mensajes perjudiciales acerca de su futuro.

Hoy en día, espero que alguien se atreva a preguntarme qué quiero ser cuando sea grande. Ahora me encanta esa pregunta porque siempre estoy cambiando y creciendo. No creo que ya haya llegado a convertirme en lo que estoy destinada a ser en esta vida. Al mantener mi mente concentrada en cómo vivir mis valores fundamentales y por qué estoy compartiendo con los demás de forma tan activa, sé que algún día llegaré a ese punto. Tengo una profunda apreciación por el proceso que me conducirá a mi propósito superior.

El otro día, mi vecina me envió un correo electrónico preguntándome si de casualidad tenía un cinturón porta herramientas para niños. Estaba preparando un disfraz para su hija, que como tarea escolar para el Día de las Profesiones le pidieron que se disfrazara de lo que quería ser cuando fuera grande. Durante muchos días ella simplemente no sabía qué quería ser. Cuando su madre reformuló la pregunta en: “¿Cómo quieres cambiar el mundo?”, tuvo una respuesta. Esa superestrella de siete años quiere construir casas para las personas sin hogar cuando sea grande. Esta es una niña con una visión; y no se trata de “ser” sino de “hacer”.

Habla con algún niño que forme parte de tu vida y hazle la misma pregunta. Y en el proceso, hazte la misma pregunta a ti mismo.