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¿Me entiendes?

Monica Berg
Enero 24, 2019

La niñez suele ser relacionada con la inocencia y lo maravilloso, pero también puede ser muy difícil. Pareciera que un nivel de burla u hostigamiento se ha vuelto parte del crecimiento de todo niño. Sin importar cuánto lo intentemos, no hay manera de proteger a nuestros hijos de este tipo de interacciones, así que hacemos nuestro mayor esfuerzo por guiarlos y apoyarlos cuando se sienten heridos a causa de la desconsideración de los demás.

"Sí, ¡la empatía se puede enseñar!"

También es muy probable que tu hijo presencie que un amigo siente tristeza o vergüenza. Cuando ocurra, ¿cómo esperas que responda? La mayoría de nosotros quiere creer que sus hijos serán amables o tendrán la fortaleza para pronunciarse cuando molestan o acosan a otro niño. Si bien las señales de empatía aparecen en los niños desde los diez meses, no podemos asumir que el nivel de empatía genuina aumentará naturalmente con la edad. Depende de los padres y guardianes dar a los niños las herramientas que necesitan para mostrar interés y preocupación por los demás de manera activa (Sí, ¡la empatía se puede enseñar!).

La empatía tiene tres aspectos distintos: primero, reconocer la emoción que alguien tiene, luego sentir esa emoción y, finalmente, responder a ella.

Reconocimiento emocional

Hay diferencias entre la rabia y la frustración. Pero para el ojo inexperto pueden parecer idénticas. Puede que los niños no entiendan automáticamente la diferencia entre la desilusión y la tristeza, o entre el entusiasmo y la ansiedad. Cuando se les pregunta cómo se sienten, algunos niños dividirán todas las emociones en dos categorías: feliz o triste. Entender los matices sutiles dentro del abanico de emociones requiere práctica.

Puedes darle a tu hijo el vocabulario para nombrar diferentes emociones. Los libros ilustrados son un gran recurso. Cuando le cuentes una historia, hazle preguntas sobre los personajes y cómo responden ante lo que ocurre en la historia. “¿Cómo se sintió la princesa cuando…?” O, “¿Qué hizo el granjero cuando…?”. De hecho, un estudio realizado en el año 2006 en la Universidad de Toronto vinculó la lectura de ficción con niveles más altos de empatía en los participantes. Los investigadores concluyeron que mientras más contacto tienes con la ficción, más capacidad tienes de entender el comportamiento humano y empatizar con las experiencias de los demás. Una serie de estudios sucesivos ha fortalecido esta teoría.

"Puedes darle a tu hijo el vocabulario para nombrar diferentes emociones."

Otra manera de ayudar a ampliar el entendimiento que tu hijo tiene de las emociones es sugerir nombres de las emociones mientras las sienten. Podrías intentar algo como: “Ah, noto que te sientes frustrado porque no puedes conseguir tu osito”, o “Te sientes incómodo porque cambié de posición tus juguetes esta tarde”. Cuando les damos a los niños el vocabulario para las emociones que sienten, es más probable que reconozcan e identifiquen la gama de sentimientos que ven en los demás, así como en ellos mismos.

Si bien todo esto parece dirigido a niños pequeños, hasta los adolescentes tienen problemas para nombrar sus emociones e identificar la fuente de sus sentimientos. No vaciles en ayudar a tus adolescentes a encontrar las palabras para enmarcar sus experiencias.

Sentir empatía

Los niños aprenden primero de las personas que los cuidan. No tengas miedo de hablar con tus hijos sobre las emociones que sientes. Nuestros hijos nos observan todo el tiempo. Tienen muchas oportunidades para vernos pasar por emociones fuertes. Recibes una llamada sobre un pariente que está gravemente enfermo. O te enteras de que un querido amigo se muda de tu región. Muchos padres sienten que protegen a sus hijos al fingir que todo está perfectamente bien. Podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar empatía al compartir una versión censurada y apropiada para su edad de las noticias familiares. Al explicar nuestra tristeza, temor o frustración, les damos las herramientas que necesitan para entender esas emociones y a su vez empatizar con sus compañeros. La oportunidad con los adolescentes es llevarlos a tu confianza emocional en un nivel más alto. Esto puede cambiar la manera en la que te ven, el padre o madre que eres, ya no más como su cuidador, chef personal, chofer y amo de casa.

Imagina un mundo en el que los adolescentes se comporten con empatía hacia sus padres.

También podemos vincular sentimientos con acciones para que los niños puedan comenzar a interiorizar un sentido de causa y efecto. Luego relacionar el dolor o frustración de alguien con una experiencia similar en su propia vida. Por ejemplo: “Tu hermana se desilusionó cuando su amiga no pudo venir a jugar con ella. Sabes cómo se siente; tú también te sentiste así cuando Fer se enfermó y no pudo venir con nosotros al parque la semana pasada”.

Acompáñalos en el proceso de ponerse en los zapatos de alguien más. Cuando un amigo o hermano se moleste, pregúntale a tu hijo: “¿Cómo crees que se siente? ¿Por qué podría estar molesto?”. Solo hace falta influir un poco para que un niño relacione el dolor de alguien con sus propias experiencias. Además, al mostrarles a los niños el valor de las emociones, no solo abrimos el camino para que empaticen con los demás, también les hacemos saber que sus emociones son importantes y que es seguro compartir cómo se sienten.

Actuar con empatía

De nosotros depende fijar la expectativa de empatía en nuestro hogar y comunidad. La mayoría de nosotros, de forma natural, hace que tomar buenas decisiones sea el estándar para nuestros hijos. Pero no es suficiente simplemente comportarnos bien. La generosidad y la bondad provienen de sentir verdaderamente las emociones de los demás. Crea oportunidades para ser empático al poner énfasis en cómo la bondad beneficia a todos.

"La empatía es clave en nuestro crecimiento espiritual."

Indícales cuándo alguien necesita ayuda. “A tu hermano se le cayeron los creyones. Ayudémoslo a recogerlos”. Luego agrega algo como: “Fue amable de tu parte que lo hayas ayudado. Estoy segura de que él estará allí la próxima vez que necesites una mano”. Haz una lluvia de ideas con niños más grandes (de más de tres años) al pedirles que digan palabras amables y reconfortantes. O pregúntales: “¿Qué podemos hacer para ayudar?”. Al final, este tipo de proceso de pensamiento se convertirá en la respuesta predilecta cuando los niños vean a alguien en problemas.

Los kabbalistas enseñan que la empatía es clave en nuestro crecimiento espiritual. Nosotros, por supuesto, buscamos ayudar a los demás, pero el acto de sentir el dolor de alguien más nos hace salir de nuestra zona de confort y cambia nuestros deseos para incluir las necesidades de los demás. Tal y como dice mi esposo, Michael Berg: “Si una persona realmente se esfuerza en sentir el dolor de los demás, entonces comienza a sentir el dolor de la Luz del Creador. Se vuelve capaz de transformar, lento pero seguro, todo su Deseo de Recibir para Sí Mismo en Deseo de Compartir”.

Hay una antigua parábola hebrea sobre un hombre que le pidió ayuda a un rabino. El hombre había pasado por muchas dificultades y pérdidas. Pero, después de escuchar su historia, el rabino confesó que no había nada que pudiera hacer para ayudarlo. No podía revivir a sus seres amados, ni mejorar su salud, así pues, le dijo adiós. Después de su partida, el rabino se dio cuenta de que había algo que sí podía hacer. Lo buscó con prisa. Lo encontró en el camino, y el rabino exclamó: “Sí hay algo que puedo hacer. Puedo llorar contigo”.

Si somos sinceros, somos el centro de todas nuestras experiencias; los pensamientos de los demás nos los tienen que comunicar, mientras que nuestros propios pensamientos y sentimientos son inmediatos, urgentes y reales. Los niños suelen pensar que son la persona más importante que existe. Poseen un egocentrismo innato y necesitan este impulso para sobrevivir. Después de todo, vemos el mundo desde nuestra perspectiva. Sin embargo, si les damos a nuestros hijos un marco de referencia para entender las emociones, es más probable que se vean reflejado en sus amigos y desconocidos que necesitan compasión, es más probable que vean a los demás como a ellos mismos: personas que anhelan felicidad, comodidad y amor.