Conceptos Kabbalísticos Festividades y Zonas de Tiempo

Comer, jugar, comer

No puedo evitar notar cada vez con más preocupación que nosotros, como nación, somos crecientemente consumidos por la comida, por encima de todo lo demás. Cuando era pequeña, simplemente comíamos lo que nos ponían en el plato. Y eso era todo. Había una opción entre una pequeña variedad de alimentos. Por cierto, eran auténticos. La vida era simple. Comer, jugar, comer.

¿Quién habría pensado que llegaríamos a este punto en nuestra evolución humana en el que gente común y corriente tomaría fotos de su comida y hasta sentiría placer en compartirlas con 5000 amigos en redes sociales? ¿A quién le importa? Te quiero, pero sinceramente no me interesa lo que almorzaste, ¡ni aunque yo misma lo haya preparado!

Simplemente me gusta la comida. La comida y yo no tenemos una relación complicada. Solo amo comer.

Y estoy muy cansada de escuchar sobre la última dieta de moda. La verdad es que las he probado todas. Atkins, South Beach, con grasa, sin grasa, vegetariana, vegana, alta en carbohidratos (mi favorita), baja en carbohidratos, baja en grasa, dieta de la galleta, ayuno intermitente, dieta cetogénica, batidos, pastillas, Slimfast, morir de hambre, ayunar, dieta mediterránea, dieta asiática y demás.

Sí, amo la comida. Y con la finalidad de mantener mi grasa corporal en los límites de un asiento de avión, he probado todas esas dietas y ninguna me ha funcionado. ¿Por qué? Porque esas dietas no reflejan mi verdadera relación con la comida. Eso es porque soy una adicta a la comida rápida. Listo. Lo dije. Por favor no me juzguen.

¿Cuántos comerciales han visto en los que el actor prefiere comer chocolate en lugar de relacionarse con otro ser humano? Nos han lavado el cerebro para sustituir nuestras relaciones por comida. Lo sé porque me pasó a mí.

Sé que debería estar pasando tiempo de calidad con brócoli, espinacas o una respetable lechuga. Si quiero tener una vida larga y sana, sin drama, debería tener una dieta balanceada con mucha agua, frutas, vegetales, granos enteros (de vez en cuando).

Y por supuesto, mi madre siempre me decía que me apartara del postre. Decía que aunque los postres tengan un sabor delicioso, son “un momento de placer en tu boca, toda una vida en tus caderas”.

Aún así, aunque sé qué me conviene —de hecho, me criaron para que lo supiera— no puedo resistirme a un cremoso helado de vainilla y chocolate en un crujiente cono. Que sea doble. Ya que lo estoy comiendo, podría permitirme echarle sirope de chocolate hasta que se desborde. Es muy delicioso cuando lo devoro. Y aunque en lo profundo de mi ser sé que me arrepentiré de esto, no puedo evitarlo. Ya estoy muy consumida. No puedo parar. Y sabe taaaaaaaaan bien. Que rico!!

Los espárragos pueden ser deliciosos para algunos. Pero a mí me aburren. Yo quiero el tentador deleite de una pizza de queso con una base crujiente recién sacada del horno a leña. Hay tanta azúcar en esa deliciosa salsa de tomate que mi insulina enloquecerá dentro de una hora. Y el caliente queso derretido que emite un olor que solo la mozzarella puede producir está tentando a mis papilas gustativas.

Espero que el queso sea real.

Nunca pienso que al día siguiente estaré tosiendo con gran cantidad de flema. En el momento, en este momento, no hay tiempo, no hay mañana, no hay ayer. Solo una rebanada de cielo con pedacitos de ajo y yo.

Luego, cuando pasa la emoción, con mi cabeza mirando hacia abajo en muestra de vergüenza, regreso a mis cabales al día siguiente y me pregunto: “¡¿Qué hice?! ¡¿Qué estaba pensando?!”. Después sigo mortificándome sin misericordia hasta mentir prometerme que no lo haré de nuevo. No tiene sentido. ¿Cómo puedo hacerme esto?

Mi mortificación interna comienza: me respetaría en este momento si anoche le hubiese dado a mi sistema digestivo un saludable salmón asado con una ensalada de quinua. Y pude haberme negado a comer postre. Llevaría mi cabeza en alto y me sentiría orgullosa de mí misma en este momento si le hubiese dado a mi sistema digestivo las dieciséis horas de descanso que los expertos recomiendan para mantener un cuerpo saludable. ¿Cómo puedo vivir conmigo misma después de esto?

Luego se me ocurrió una idea.

Crearé y promoveré un nuevo programa alimenticio. Reunirá lo mejor de todos los mundos. Y lo llamaré: “COMPULSIÓN INTERMITENTE”. Sí, ¡así lo llamaré!

Luego iré a las redes sociales y promoveré mi nuevo programa. “Come todo lo que quieras. Luego pasa hambre ayuna por 16 horas”. ¡Es brillante!

Comer solo es una manera en la que una persona puede crear un cortocircuito con su boca.

Chismear es otra manera.

¿Quién se puede resistir a un jugoso chisme que nos hace sentir momentáneamente superiores a la persona que acaba de ser atacada? Después de escuchar un comentario negativo sobre alguien, ¿cuán a menudo lo aceptamos como un hecho en lugar de verlo como una opinión? ¿Cuán a menudo detenemos a la otra persona y decimos: “Para, por favor. No quiero involucrarme en chismes”?

Por supuesto, la otra opción es practicar Restricción.

Cuando aparece el deseo de provocar daño con mi boca, puedo desarrollar mi “músculo de la Restricción” con tan solo detenerme por un momento y después decir: “¡Qué placer!”.

Esto me dará una oportunidad para anular mi antiguo sistema reactivo y luego tomar una elección proactiva consciente. Detenernos solo rompe los viejos caminos neuronales para que no activen viejos comportamientos que no son tan útiles. Luego mi alma puede tener el placer de tomar decisiones más sanas.

Ya sea que hablemos o comamos, la boca es un componente fundamental de la restricción. Nuestra boca es un instrumento poderoso para la manifestación. De nosotros depende qué manifestamos con nuestra boca, ya sea positivo o negativo.

Estos cortocircuitos de la boca pueden ser sanados a través del evento cósmico de Pésaj y comiendo matzá.

Pésaj proviene del hebreo Peh (boca) y Saj (hablar), es decir, la boca habla.

Durante la conexión de Pésaj decimos determinadas palabras y comemos determinados alimentos en un orden específico para ayudarnos a desarrollar nuestros músculos de la Restricción. Este es solo uno de los extraordinarios beneficios de participar en las conexiones de Pésaj.

En Pésaj comeré una gran cantidad de deliciosa matzá del Centro de Kabbalah por toda una semana para sanar mi alma.

¿Por qué matzá?

Porque el pan es un código para el vínculo directo con nuestra naturaleza reactiva y nuestro ego. Así como el pan tiene el poder de expandirse y crecer, nuestro ego tiene la capacidad de expandirse y motivarnos a llegar a grandes alturas en el mundo material.

Matzá es como pan sin ego, pan sin su naturaleza reactiva. Al comer matzá, con la meditación y la intención adecuadas, recibimos el poder para anular nuestro ego con el fin de liberarnos de la esclavitud del comportamiento reactivo y alcanzar grandes alturas espirituales en nuestra vida.

Karen Berg, líder espiritual del Centro de Kabbalah, dijo: “Si la gente fuese más consciente de lo que sale de su boca en lugar de lo que entra en ella, manifestaríamos un mundo mejor”.

Internalicemos estas palabras y manifestemos salud, paz, amor, alegría y abundancia para todos.

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