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5 pasos para el perdón

Uno de los mayores obstáculos que enfrentamos en nuestro camino espiritual es lidiar con personas que nos han lastimado. Una experiencia dolorosa presenta varios desafíos significativos: manejar el dolor, aprender de la situación y encontrar la manera de seguir adelante; lo cual nos puede llevar toda una vida en alcanzar. Pero uno de los desafíos más difíciles es aprender a perdonar.

Sabemos que, espiritualmente, debemos amar a todos, incluso a nuestros enemigos; pero eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Solemos tener miedo a que por perdonar a alguien que nos ha lastimado nos dispongamos a salir heridos nuevamente. Tenemos miedo de mostrar debilidad al dejarlos escabullirse tan fácilmente. Pero perdonar a alguien en realidad es un enorme acto de valentía y fortaleza, uno que tiene el poder de revelar una Luz increíble.

Cuando no nos desprendemos de nuestros traumas del pasado, continúan afectándonos a nosotros y a las personas que nos rodean; incluso cuando esa no es nuestra intención. Usamos el dolor del pasado como una excusa para herir a personas en el presente. Por ejemplo: si una pareja anterior nos fue infiel, quizá nos volvamos suspicaces, celosos y desconfiados con nuestra pareja actual, lo cual puede crear una enorme tensión en una relación. Llevamos las cargas de experiencias previas porque en realidad no las hemos superado.

Entonces, ¿cómo aprendemos a perdonar a las personas que nos han lastimado?

Cada bendición y dificultad que enfrentamos proviene del Creador. Cuando alguien nos hiere o enfrentamos adversidades, la Luz sigue estando ahí aunque esté oculta. Incluso cuando no podamos entender por qué, el Creador ha enviado a esta persona a nuestra vida para ponernos en esta situación por una razón.

Tenemos una increíble oportunidad de revelar esta Luz oculta mediante el poder del perdón. Esto no significa quedarse expuestos a que nos lastimen nuevamente. De hecho, quizá te parezca necesario distanciarte de la persona. Pero el perdón nos ayuda a desarrollar una relación más fuerte con el Creador. Nos libera del dolor causado a la vez que nos abre a la posibilidad de aprender de la situación.

Es difícil ver que algo bueno puede venir de nuestro dolor mientras estamos sufriendo, pero es importante dar un paso atrás, respirar profundo y meditar en qué podríamos aprender de nuestra experiencia. ¿Qué responderíamos si el Creador se acercara a preguntarnos: “¿Por qué crees que puse esto en tu camino?”?

Usualmente podemos mirar nuestros errores y desafíos pasados para ver cómo nos han convertido en la persona que somos hoy, pero aún así nos cuesta ver que lo que estamos atravesando ahora nos está conduciendo a ser la persona que seremos mañana. Si creemos que nuestras experiencias tienen el propósito de moldearnos en personas mejores, entonces debe haber alguna lección de vida en la situación.

Considera todos los desafíos en tu vida como una pista de obstáculos diseñada solo para ti. Hay un muro de escalar, barras de mono, una soga para trepar y otros obstáculos. Es una pista difícil, pero sabes que cuanto más trabajes en ella, más fuerte te volverás.

Los desafíos de la vida son como una pista de obstáculos espiritual. Podría presentarnos con obstáculos que parecen imposibles al principio, pero que nos fortalecen espiritualmente. La gente que nos ha lastimado tan solo son algunos obstáculos de la vida. No nos enojamos con el muro de escalar o las barras de mono, porque sabemos que podemos y efectivamente los superaremos, y saldremos más fuertes como resultado. Con práctica, podemos aprender a ver a las personas como obstáculos en este mismo sentido.

Cuando guardamos rencor hacia alguien, le entregamos nuestro poder. Quizá pensemos que lo estamos castigando al estar enojados con él, pero en realidad estamos permitiendo que controle nuestras emociones. Si fuésemos verdaderamente independientes de su influencia, no sentiríamos el peso del enojo, el dolor o la tristeza.

Cuando elegimos no perdonar, elegimos adoptar el papel de la víctima en la situación. Y nos parece que tiene sentido considerarnos como la víctima. Esta persona nos hizo algo horrible y nosotros éramos inocentes, ¿no? Esto puede ser cierto, pero no significa que tengamos que someternos a la mentalidad de víctima. No podemos controlar o cambiar lo que nos ha sucedido, pero podemos recobrar nuestro poder al no permitir que esa persona sea la fuente de nuestra energía. La única fuente es la Luz del Creador.

Cuando asumimos la responsabilidad de nuestro propio sufrimiento y reconocemos que podemos elegir seguir adelante, obtenemos libertad del victimismo. Esto no significa que lo que hizo la otra persona esté bien, y tampoco significa que no nos dolió. Tan solo significa que decidimos no permitir que ese dolor nos destruya. Elegimos usar la experiencia para transformarnos en mejores versiones de nosotros mismos.

En este sentido, podemos ver que el perdón no se trata de debilidad. Se trata de recobrar nuestro poder y asumir la responsabilidad de nuestra felicidad.

Imagina a las personas que te han lastimado delante de ti, pidiéndote que los perdones. Deséales el bien y espera que encuentren la transformación en sus propias vidas. No tienes que ser su mejor amigo de nuevo o siquiera mantener el contacto. Algunas personas no están destinadas a quedarse en nuestra vida, especialmente cuando nos han lastimado de forma continua; y eso es válido. Si los perdonamos, podemos dejarlos ir verdaderamente y no llevar la carga del dolor con nosotros.

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El Creador nos observa en nuestros peores momentos y aún así nos perdona y continúa dándonos Su amor incondicionalmente. En la medida que nosotros podamos adoptar esta cualidad, nos acercaremos al Creador.

Cuando practicamos el perdón, aprendemos de la experiencia y nos impulsamos a crecer, avanzamos hacia el propósito definitivo de nuestra existencia en el mundo.

Nuestro maestro, Rav Berg, enseñaba que con tan solo meditar en este pasaje del Zóhar podemos avivar en nuestro corazón la capacidad de perdonar:

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