Amor y Relaciones

Tres maneras de desarrollar amor propio

Cuando escuchamos la frase “ama a tu prójimo como a ti mismo”, solemos entender que debemos tratar a los demás con amor y respeto. Sin embargo, olvidamos que también supone la importancia de amarnos a nosotros mismos. El Creador está en todas las personas, y eso nos incluye. Amarnos a nosotros mismos es amar al Creador.

Amarnos a nosotros mismos puede ser una de las partes más difíciles de nuestro desarrollo espiritual. Es una lucha de toda una vida para la mayoría de la gente. Amor propio no significa que dejemos de trabajar en nosotros o de buscar nuestra propia negatividad. Si creemos que siempre estamos en lo correcto y que no tenemos ningún trabajo por hacer, solo alimentamos nuestro ego y entorpecemos nuestro propio crecimiento. ¿Cómo podemos crecer si creemos que somos perfectos? Por otro lado, cuando comenzamos a reconocer los aspectos de nuestra vida en los que necesitamos trabajar, podríamos sentirnos mal con nosotros mismos y llegar a mortificarnos. El amor propio se encuentra en el entendimiento de que incluso las cosas que pensamos que son “defectos” son una parte hermosa de nuestro viaje espiritual.

Amarnos a nosotros mismos es apreciar el proceso por el que está pasando nuestra alma y cómo dicho proceso nos acerca al Creador.

A continuación, tres maneras de ayudar en el proceso de desarrollar el amor propio:

Según los kabbalistas, nuestra alma está hecha exactamente del mismo material que el Creador. Somos como una piedra que cae de una montaña; ambas compuestas por los mismos elementos, pero separadas en su forma.

Debido a que la Luz del Creador es infinita e ilimitada, también lo es nuestra alma. Podemos lograr cosas más allá de nuestra imaginación. Pero elegimos limitar el potencial de nuestra alma cuando sucumbimos ante pensamientos y acciones egoístas. Mientras más generosos nos volvemos, más revelamos el poder de nuestra alma. Nosotros elegimos cómo actuar, ¡pero el potencial es innato dentro de nosotros! Nada de lo que vivimos, hacemos o sentimos puede reducir ese potencial.

Cuando comenzamos a trabajar en nosotros de manera espiritual, podemos comenzar a sentirnos mal con nosotros mismos. Podríamos sentir que nunca nos libraremos de nuestra negatividad o que somos personas malas. Ya sea una adicción, ira, pereza o cualquier otra cosa contra la que luchamos, a veces podemos sentir que hay algo malo en nosotros.

La verdad es que el Creador nos hizo para tener estas características negativas como oportunidades poderosas a ser superadas. Piensa en el Creador como un entrenador personal que creó una intensa y difícil rutina para ponernos en la mejor forma posible. Todos los obstáculos y trabas que enfrentamos en la vida nos convierten en la mejor versión de nosotros mismos. Estos desafíos no solo son externos, sino también internos. Mientras más veamos nuestra negatividad como oportunidad, más podremos aceptarla y trabajar en ella mientras somos amables con nosotros mismos en el proceso.

Es natural que nos comparemos con otras personas. Aprendemos al ver, escuchar y hablar con los demás. Pero cuando medimos nuestro éxito en la vida respecto al de los demás, podríamos llegar a sentir que no estamos a la altura. Puede que no tengamos un trabajo tan bueno, ni una relación tan estable o una casa tan grande; pero lo importante es recordar que todos tenemos nuestros propios desafíos, específicamente diseñados por el Creador para lo que necesita nuestra alma con el fin de llegar a un nivel espiritual más alto. Nuestros desafíos no son genéricos. Las cosas que nos resultan fáciles a nosotros podrían ser algo muy difícil para alguien más y viceversa. Reconoce tus propios éxitos y crecimiento, y mantente concentrado en las cosas en las que necesitas trabajar.

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Amarnos a nosotros mismos es una manera poderosa de conectarnos con el Creador y esto determina la manera en la que amamos a quienes nos rodean. Solemos ser nuestro crítico más severo y nuestro peor enemigo, pero si podemos aprender a aceptarnos y amarnos, no hay razón por la que no podamos hacer lo mismo por los demás.

Apóyate del mismo modo en el que te gustaría que los demás te apoyaran en tu viaje y en el que apoyarías a alguien más en el suyo. Tenemos mucho trabajo espiritual por hacer, pero podemos elegir hacerlo con amor.

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