Amor y Relaciones Prosperidad

5 pasos espirituales para la confrontación proactiva

Sin importar cuán amorosos, abiertos y tolerantes seamos, siempre hay momentos en los que no estamos de acuerdo con otras personas y vemos la necesidad de confrontarlas. La confrontación es una parte muy normal de nuestra existencia. Es saludable que expresemos cómo nos sentimos y qué opinamos, aun cuando no concordemos con otros, pero puede ser difícil discernir cómo hacerlo de una manera sana y espiritual.

A veces creemos que tenemos control sobre una situación y creemos que lo que digamos o hagamos nos dará el resultado deseado. Cuando se trata de un desacuerdo, quizá pensamos que si decimos lo correcto o incluso si gritamos para expresar nuestra opinión, la otra persona admitirá que tenemos la razón y se conformará. Por el contrario, los kabbalistas explican que todo lo que ocurre en nuestra realidad física es un resultado directo de la realidad espiritual. Entonces, ¿qué podemos hacer para tener más control en el mundo físico?

La idea de la confrontación proactiva significa confrontar a alguien con una actitud apropiada, con nuestra Luz, en lugar de atacarla o iniciar una pelea. La verdad es que el único control verdadero que tenemos está en la decisión de permitir que la Luz se haga cargo o ser víctimas de nuestra propia negatividad.

He aquí cinco pasos para ayudarnos a practicar la confrontación proactiva:

Solo porque tenemos un desacuerdo no significa que tengamos que desearle mal a la otra persona. En vez de juicio o malos pensamientos, envía Luz a la situación. Cuando damos energía positiva a otra persona, nos convertimos en dadores, no en víctimas. Una víctima permite que otras personas y situaciones la controlen. Cuando compartimos con los demás, tomamos el mando. Recuerda que no se trata de ganar o tener la razón: se trata de permitir que la Luz resuelva la situación.

Tener un sentido de merecimiento significa creer que merecemos algo debido a nuestro pasado. Pensamos que nos hemos ganado un ascenso. Creemos que hemos sido buenos amigos y merecemos un favor. Incluso si tenemos la razón, creer que merecemos algo es vivir en el pasado en lugar de enfocarnos en el presente. La realidad es que no sabemos lo que merecemos, porque eso solo lo decide el Creador. Nuestro ego es el que nos dice que merecemos algo, y esto impide que recibamos las bendiciones del presente. En lugar de sentir que merecemos una bendición debido a nuestras acciones pasadas, deberíamos pedir al Creador que nos ayude en el presente.

Cada situación, sin importar cuán grande o pequeña, proviene del Creador. Esto significa que hay una bendición en ella, no importa lo duro que sea descubrirla. Esta es una idea simple pero difícil de poner en práctica. Incluso cuando tenemos un desacuerdo con alguien, esa es una bendición del Creador diseñada para ayudarnos a crecer y ser mejores personas. Cuanto más trabajemos en esto, más fácil será confrontar a los demás con amor, compasión y Luz.

Cuando enfrentamos una situación, la verdadera batalla en realidad es con nosotros. El Creador nos ha puesto esta confrontación en el camino para enseñarnos algo sobre nosotros mismos. ¡Y la mayor desventaja que tenemos es que somos ciegos ante nuestra propia negatividad! Esto sucede con cada ser humano, sin importar cuán espiritualmente elevado sea. La única diferencia es que una persona espiritual reconoce que está cegada. Cuanto más reconozcamos nuestra propia ceguera, más podemos indagar para encontrar las partes en nuestro interior que debemos trabajar. Cada confrontación con otra persona en realidad es una oportunidad para confrontarnos a nosotros mismos.

El ego está concentrado en esperar resultados específicos. La humildad es reconocer que el Creador sabe mucho más que nosotros lo que necesita nuestra alma. Cuando confrontamos a alguien, quizá en lo profundo de nuestro ser creamos que tenemos la razón, pero tener la razón no significa que no debamos trabajar en nuestro ego.

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Es perfectamente natural tener desacuerdos, pero es importante que los abordemos con el corazón abierto. La verdad es que no sabemos cómo se deben desarrollar las cosas. No podemos ver el panorama completo. Solo el Creador puede hacerlo.

Rav Berg solía enseñar que la única batalla que vale la pena luchar es la batalla en nuestra propia mente. Al fin y al cabo, la conciencia lo es todo. Al practicar la confrontación proactiva, podemos alinear nuestra conciencia con el Creador y traer Luz a nuestra vida y a la de los demás. No podemos solucionar cada problema, pero podemos enfrentarlos con amor.

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