Maestros Kabbalistas

Convertirse en socio del Creador

En el libro de Génesis, el Creador escucha a la gente lamentarse porque la ciudad de Sodoma ha caído en pecado y Él amenaza con destruirla si llegara a ser cierto. No obstante, Él recibe la objeción de Avraham, quien le ruega diciendo que si al menos hay cinco justos en la ciudad, no merece ser destruida. El Creador escucha el argumento de Avraham y acepta perdonar a la ciudad.

Esta historia revela un fenómeno inusual. La mayoría de nosotros imagina al Creador como un ser todopoderoso y, como tal, entendemos que el Creador sabe lo que más nos conviene. Pero aquí pareciera que Avraham en efecto tiene una influencia sobre el Creador, ¡incluso haciéndole cambiar de parecer! ¿Cuál es el significado de esta historia y cómo se relaciona con nuestra vida?

En el Zóhar está escrito que debemos alcanzar un nivel de sociedad con el Creador. Rav Áshlag desarrolla en su comentario que el Creador comenzó el proceso de la Creación, pero no puede concluirlo: depende de cada uno de nosotros, tanto a nivel individual como colectivo, completar el proceso de Creación. En otras palabras, en realidad debemos ascender al nivel en el que trabajemos junto al Creador como socios.

Avraham había comprometido su vida a esta sociedad con el Creador. Cuando un justo alcanza este nivel de sociedad verdadera con el Creador, entonces el Creador puede decretar algo y el justo puede decir: “¡No, Dios, no puedes hacerlo porque yo soy tan socio como Tú!”. Esta es la razón por la cual Avraham pudo hacer que el Creador cambiara de parecer en cuanto a la destrucción de Sodoma.

Nosotros también podemos alcanzar este nivel de sociedad con el Creador. De hecho, este concepto es una enseñanza muy importante para nuestra vida. Cuanto más nos veamos como socios del Creador, más actuaremos como socios y más poder tendremos en dicha sociedad.

Imagina que dos personas inician una empresa juntos. Una persona va a la empresa todos los días, maneja todas las funciones diarias y dedica su tiempo y dinero a la compañía. La otra persona va una vez al mes a revisar los libros, pero no se dedica genuinamente. Con el tiempo, la primera persona comienza a reconocer que ella está haciendo todo el trabajo e invirtiendo más en la compañía y, por lo tanto, merece un porcentaje mayor en la empresa. Lo mismo ocurre con nuestra sociedad con el Creador. La medida exacta que hemos invertido en la sociedad es la medida de poder que tendremos en dicha sociedad.

Ahora bien, ¿cómo podemos alcanzar este nivel de sociedad genuina con el Creador? Le demostramos al Creador que somos socios por la manera en la que vivimos nuestra vida; completamente dedicados a nuestro crecimiento espiritual y el crecimiento del mundo. Esto requiere que nos transformemos. Cuanto más generosos, dadores y desinteresados nos volvamos, mejores socios seremos.

La idea emocionante e inspiradora aquí es que el Creador en realidad quiere que seamos socios. Sin embargo, depende de nosotros revelar cuán socios somos. Es importante entender que esta sociedad no es “todo o nada”. No es que tenemos el 50 % de acciones o nada; es un proceso constante por el cual todos pasamos. A medida que desarrollamos nuestra relación con el Creador y nos transformamos, nos hacemos cada vez más socios. En la medida exacta que seamos socios, en esa medida tenemos potestad. Esto afecta el poder y el nivel de nuestras oraciones.

Con el tiempo, una persona verdaderamente justa como Avraham alcanza una sociedad de 49/51, el Creador nos da la acción extra. Cuando esto ocurre, en realidad podemos decirle al Creador qué hacer. Cuando somos socios totales, el Creador tiene que escuchar nuestras oraciones. Si estamos comprometidos por completo a la sociedad, entonces cuando hagamos una solicitud, tiene que ocurrir. De la misma manera, cuando el Creador diga que se debe hacer algo, nosotros podemos decir “¡No!” tal como lo hizo Avraham.

A veces sentimos que el Creador tiene control absoluto sobre todo y que nosotros no tenemos voz en el mundo, pero el Zóhar nos enseña que cada uno de nosotros puede y debe alcanzar este punto en el que seamos verdaderos socios del Creador. La idea de desarrollar esta sociedad nos muestra la increíble responsabilidad que tenemos de transformarnos a nosotros y al mundo.

*Adaptado del curso de Michael Berg sobre Las Diez Emanaciones Luminosas, clase 17.

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