Maestros Kabbalistas

Ver nuestra ceguera

En Las Diez Emanaciones Luminosas, Rav Áshlag explica que cada individuo está hecho de dos partes, representadas por el cuerpo y el alma. Nuestra alma es la parte de nosotros que está hecha exactamente de la misma esencia del Creador, mientras que nuestro cuerpo representa el físico Deseo de Recibir para Sí Mismo. Ese Deseo de Recibir es lo que nos diferencia del Creador, quien es una fuerza dadora infinita. Esta es la única parte de nosotros que es una creación genuina, porque no es algo que el Creador posea. Esto es lo que nos hace un individuo separado del Creador. Todo lo demás es la Luz del Creador. Por lo tanto, el componente básico de la humanidad y de cada persona es el Deseo de Recibir para Sí Mismo.

Esto conduce a Rav Áshlag a una pregunta muy filosófica. Él observa que el Deseo de Recibir parece ser algo que tenemos, así que tendría sentido decir que primero fuimos creados y después nos dieron un Deseo de Recibir. Entonces, ¿cómo el Deseo puede ser la esencia verdadera y original de algo sin que exista primero? ¿No sería un paso secundario en el proceso de Creación? ¿Por qué decimos que el Deseo de Recibir es la materia original?

Rav Áshlag llega a la conclusión de que no podemos comprender verdaderamente la materia original de la que estamos hechos porque tenemos un entendimiento muy limitado del universo. Incluso en el mundo físico no podemos comprender totalmente el concepto de la materia original. Nos referimos a las cosas conforme al estado en el que están actualmente, no según su forma verdadera y original. Si tomamos una moneda de oro, por ejemplo, diríamos que su origen es el oro. Sin embargo, el oro está hecho de moléculas, que están compuestas de átomos. Y más allá de eso, ¿de qué están conformados los átomos? Nunca podremos conocer realmente la forma original de esa moneda. Pero, aún así, decimos que está hecha de oro porque esa es la primera forma con la que podemos conectarnos.

Esto nos da una lección importante acerca de nuestros cinco sentidos. Cuando miramos a nuestro alrededor, nuestros sentidos nos dicen que percibimos nuestro entorno. La verdad es que nuestros sentidos en realidad son bastante limitados y no nos dan una lectura verdadera de lo que tenemos en frente, incluso a nivel físico. No podemos percibir las moléculas, los átomos ni la esencia de todo lo que nos rodea. Tenemos un sentido de la realidad limitado. Mientras estemos dentro del ámbito físico, el ámbito del Deseo de Recibir para Sí Mismo, somos incapaces de llegar a la verdadera fuente de todo: la materia física, nosotros y el mundo. Debemos entender que nunca vemos el panorama completo.

Basamos una gran parte de nuestro entendimiento en lo físico. Cuando comenzamos a reconocer cuán limitada es nuestra comprensión del mundo físico, podremos comenzar a entender cuán ciegos estamos también ante las cosas de naturaleza espiritual. Este entendimiento debería abrirnos los ojos y la conciencia a que hay mucho más de nosotros y de los reinos espirituales que desconocemos o no vemos.

Al igual que no podemos entender la fuente de la moneda de oro, lo mismo ocurre con la Creación. Nombramos al Deseo de Recibir para Sí Mismo como las bases de la humanidad porque es la primera forma que podemos comprender, pero la verdadera forma inicial que estaba en la fuente de la Creación de nuestro mundo es algo que todavía no podemos entender. Si bien hablamos del Deseo de Recibir como la primera forma, Rav Áshlag nos advierte que no pensemos que lo entendemos todo por completo, porque simplemente no podemos.

Saber que tenemos un punto ciego constantemente es una lección importante. Cuando conducimos un auto, tenemos que saber que tenemos puntos ciegos a fin de ser más cuidadosos y atentos con nuestro entorno. Ese conocimiento cambia la forma en la que conducimos. Lo mismo sucede con la vida. Cuando sabemos que nuestro entendimiento es limitado, esto afecta la manera en la que realizamos nuestro trabajo espiritual. Solo si estamos permanentemente atentos a nuestras limitaciones, podremos tener el mérito de que alguien nos abra los ojos en las áreas en las que estamos cegados. Si no estamos conscientes del hecho de que estamos ciegos en cada momento de nuestra vida, entonces cuando un amigo nos muestre dónde estamos ciegos, no estaremos lo suficientemente abiertos para verlo.

Una de las lecciones espirituales más importantes que podemos aprender es que siempre, en una medida u otra, estamos ciegos. ¡Estamos ciegos ante nuestra propia ceguera! Cuando una persona cree que ve y entiende el universo, su crecimiento espiritual se acaba. No podemos crecer si creemos que lo sabemos todo. Pero si tenemos la conciencia de que nuestra percepción y nuestro conocimiento son limitados, y que hay cosas que no podemos ver o entender, solo entonces habrá una oportunidad para que nuestros ojos sean abiertos.

*Adaptado del curso de Michael Berg sobre Las Diez Emanaciones Luminosas, clase 28:

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