Maestros Kabbalistas

Transformar nuestro deseo

En el libro de Génesis, el Creador se acercó a Avraham y le dijo que dejara su tierra y viajara a la nación de Canaán. Le dijo a Avraham que, de hacerlo, sería llenado de bendiciones: engrandecería su nombre, bendeciría a quienes lo bendicen, entre otras. Está escrito que Avraham pasó por diez pruebas, y esta era considerada una de ellas. Pero ¿por qué esto es una prueba? Si el Creador llegara a nosotros y nos dijera: “Te daré todas estas grandes bendiciones si haces lo que digo”, ¡a la mayoría de nosotros no le parecería algo tan difícil! Pero la razón por la que esto se considera como una prueba revela una lección muy poderosa acerca de nuestro camino espiritual.

Rav Áshlag enseña en Las Diez Emanaciones Luminosas que no podemos recibir Luz si estamos obteniendo placer solo para nosotros. Antes de la Creación, podíamos recibir infinitamente del Creador y no se consideraba egoísta. Pero debido a que estamos hechos de la misma esencia del Creador, quisimos convertirnos en creadores también y ya no queríamos recibir solo para nosotros. Esto exigía la creación de nuestro mundo, donde aprenderíamos a transformar nuestra naturaleza para ser más como el Creador. Esto significaba que ya no podíamos recibir la Luz a través de un Deseo de Recibir para Sí Mismo. Por ende, debía haber una nueva forma de recibir.

Digamos que visitas a un amigo y estás hambriento. Tu amigo quiere prepararte una comida, pero rehúsas porque no quieres incomodarlo. Él sigue insistiendo y tú sigues rehusando. Queda claro que le causará mucha alegría si te prepara la comida, así que finalmente le permites hacerlo. Ya no estás comiendo debido a tu propia hambre, sino porque eso alegrará a tu amigo. Desde luego, el recibir satisfará tu hambre, pero la conciencia detrás ha cambiado por completo. Esta es una verdadera transformación del deseo.

Este ejemplo a menudo confunde a la gente porque es inusual que actuemos con la intención de solamente obtener felicidad mediante la felicidad de otros. Para la mayoría de nosotros suele ser una mezcla: queremos alegrar a nuestro amigo, pero también disfrutar de la comida egoístamente. La lección valiosa de Rav Áshlag es que estamos destinados a alcanzar un punto en el que no obtengamos ningún placer salvo mediante dar placer a los demás.

Hay una distinción importante aquí. No se trata de un juego en el que fingimos que no somos egoístas para que la otra persona no lo sepa, y tampoco significa que mientras nuestro amigo esté disfrutando de dar, nosotros podamos disfrutar recibir. Esta es la realidad en la que ambas personas son transformadas por el proceso. Tu amigo quiere satisfacer tu hambre a tal punto que le dará una enorme alegría hacerlo y, a su vez, a ti te da alegría hacer feliz a tu amigo. Ya no ves a tu amigo como el dador ni te ves a ti como el receptor, sino al contrario.

Este es un nivel que la mayoría de nosotros no podemos ni imaginar. Es increíblemente difícil alcanzar este punto. Es una batalla de fuerzas entre el Deseo de Compartir de tu amigo y contraer tu Deseo de Recibir que crea una nueva clase de recibir. Es un recibir que es solo por dar placer. La Luz del Creador es como tu amigo en este ejemplo. La Luz nos dice: ¡Recibe, recibe! Cuando rechazamos esto, nos permite alcanzar un nuevo nivel espiritual. Esta batalla constante contra nuestro Deseo de Recibir para Sí Mismo y luchar contra el Deseo de Compartir del Creador es el proceso mediante el cual transformamos nuestro Deseo de Recibir egoísta en lo que necesita ser: recibir solamente cuando le da placer a alguien más o a la Luz del Creador.

La prueba que enfrentó Avraham tenía que ver con su intención. ¿Por qué iba a dejar su tierra? ¿Porque el Creador quería que lo hiciera o por las bendiciones que sabía que recibiría? ¿Pudo Avraham escuchar sobre las infinitas bendiciones y aún así ir solamente porque era lo que el Creador quería que hiciera, sin pensar en sí mismo?

Deberíamos mirar nuestra vida a través de este lente. ¿Qué tenemos que hacer de forma diferente para transformar nuestro deseo? ¿Cuánta de nuestra dicha proviene de lo que compartimos con los demás? Solo podemos recibir la Luz del Creador en la medida que obtengamos nuestro placer de la alegría de alguien más. Asumamos que alguien puede disfrutar el 20 % de su tiempo en compartir y 80 % en recibir. Eso significa que la única cantidad de Luz que pueden recibir es 20 %. ¡Nuestro objetivo a la larga es recibir el 100 % de la Luz! La Luz del Creador está siempre a nuestro alrededor, pero la cantidad de Luz se nos puede revelar solo en la medida que nuestra esencia disfrute compartir.

Es importante entender que esto se trata de nuestra naturaleza, no solamente nuestras acciones. Las acciones que hacemos son solamente una herramienta para cambiar nuestra esencia. Por ejemplo, digamos que hay una persona terriblemente egoísta. Un día se da cuenta de que ha vivido de manera equivocada y pasa la siguiente semana compartiendo las 24 horas al día. Con suerte, habrá cambiado un poco de su esencia en este proceso; quizá ahora es 3 % menos egoísta, así que ahora se puede revelar el 3 % de la Luz. Todo ese trabajo que hizo en la semana transformó solo el 3 % de su ser, aunque estuvo realizando acciones dadoras constantemente.

Al igual que Avraham, debemos preguntarnos si estamos haciendo el trabajo espiritual por las bendiciones que recibiremos o por la Luz que revelaremos en el mundo. Tenemos una elección: recibir del placer que parece un atajo o hacer el trabajo difícil de la transformación. Esa es la prueba por la que pasamos todos cada día.

*Adaptado del curso de Michael Berg sobre Las Diez Emanaciones Luminosas, clases 32 y 33

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