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Cómo la envidia puede ayudarnos a crecer

Aprendemos a compararnos con otros a temprana edad. Cuando somos niños, comparamos juguetes, altura, calificaciones, ropa. A medida que crecemos, comparamos empleos, relaciones, estilos de vida y cientos de otras cosas. Con la popularización de las redes sociales, es más fácil que nunca observar la vida de alguien y compararla con la nuestra. Es un impulso natural. Queremos asegurarnos de que estemos a la altura de la gente que nos rodea. Una cosa es la competencia sana, y otra muy distinta es invertir nuestra energía en la envidia.

La envidia es un paso más allá de reconocer lo que carecemos en nuestra vida; es el dolor de reconocer que alguien más tiene algo que nosotros no tenemos. Esto puede provocar que surjan pensamientos y sentimientos negativos, como creer que algo anda mal con nosotros, que no somos suficientemente buenos o esperar que otras personas fracasen para poder sentirnos bien con nosotros mismos.

La envidia está arraigada en un deseo de crecer. Cuando vemos carencia en nuestra vida, reconocemos que estamos muy alejados de donde nos gustaría estar. Ese deseo es una importante herramienta en nuestro desarrollo, ya que sin él no podríamos tener la motivación para hacer un esfuerzo de progresar. Nuestro ego es el que tergiversa ese deseo positivo en envidia. Nuestro ego observa nuestra carencia, la compara con lo que los demás tienen y luego nos dice: “¿Cómo es posible que ellos tengan lo que yo no? Yo lo merezco. ¡No es justo!”. Nuestro ego también puede decirnos la contraparte de la misma moneda: “Ellos tienen lo que yo quiero. Supongo que yo no lo merezco. No soy lo suficientemente bueno. Nunca tendré lo que ellos tienen”.

Lo que nuestro ego no toma en cuenta es que cada individuo tiene su proceso particular con su propia serie de obstáculos. Si bien un empleo importante se le dé muy fácilmente a alguien, quizá tenga dificultades para conocer a su alma gemela o tener relaciones significativas con la gente. Mientras que alguien que haya encontrado al amor de su vida podría tener dificultades en el mundo de los negocios. Todo es demasiado fácil en la vida de una persona desde la perspectiva externa y lo consideramos como perfecto, sin saber los golpes o las luchas internas y privadas que cada uno enfrenta todos los días de sus vidas. La verdad es que cada uno de nosotros está luchando su propia batalla personal, y los desafíos que enfrentamos están especialmente diseñados para ayudarnos a evolucionar y crecer exactamente de las maneras en las que estamos destinados a hacerlo.

Asimismo, es fácil ignorar el trabajo duro que implica alcanzar tal éxito. Nuestro ego trata de convencernos de que deberíamos tener lo que otras personas tienen sin haberlo ganado, y si no lo tenemos entonces es injusto o algo anda mal con nosotros. Solemos ignorar el enorme esfuerzo físico y espiritual que los demás han invertido en sus logros. El universo quiere darnos todas las bendiciones que deseamos, pero no las recibiremos sin hacer ningún esfuerzo. A fin de recibir estas bendiciones, debemos hacer el trabajo, física y espiritualmente. Parte de ese trabajo es estar felices por la buena fortuna de otros a la vez que continuamos trabajando por la nuestra. Cuando veamos el éxito de alguien, en lugar de sentirnos mal con nosotros mismos, podemos usarlo como inspiración para trabajar aún más duro. En lugar de esperar que la otra persona fracase, podemos intentar aprender de su éxito. Podemos elegir usar la envidia como una motivación para crecer.

El ego siempre intentará engañarnos para separarnos unos de otros. Intentará mostrarnos cómo somos diferentes y hacernos creer que somos mejores o peores que alguien más. Pero menospreciarnos a nosotros o a los demás solo nos aleja de las bendiciones que están destinadas a ser nuestras. Cuanto más nos esforcemos en alegrarnos por la felicidad de otras personas, más nos acercaremos a los demás y al Creador. Esto, a su vez, revela la Luz que nos ayudará a manifestar las bendiciones que buscamos.

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