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El poder de una comunidad espiritual

En una época en la que las redes sociales y la tecnología nos permiten conectarnos con personas de todo el mundo, también se ha convertido en un tiempo de mucho aislamiento. Muchos de nosotros pasamos todo el día interactuando mediante nuestros dispositivos y, aún así, sentimos que nos hacen falta relaciones significativas. Se ha vuelto tan fácil aprender desde casa, trabajar desde casa, enviar mensajes de texto y correos electrónicos, que se ha vuelto difícil conectarse cara a cara y aún más sentirse parte de una comunidad. Puede que incluso esto nos haga creer que tener una comunidad no es tan importante en realidad.

Aunque la vida sin lugar a dudas sea un viaje personal, tener una comunidad espiritual no solo es importante para nuestro crecimiento personal, sino que es esencial para nuestro desarrollo espiritual.

He aquí algunas de las poderosas maneras en las que una comunidad espiritual puede asistirnos en nuestro camino:

A veces necesitamos un poco de motivación que nos ayude a crecer. Al igual que los jugadores en un equipo deportivo se motivan entre sí para jugar mejor, los miembros de una comunidad espiritual nos inspiramos a trabajar duro y perseverar. No es fácil hacer esto solos; quizá nos volvamos perezosos o perdamos la determinación. Una comunidad fuerte nos ayuda a mantenernos en el camino de la mejora personal y, en consecuencia, de la mejora mundial.

Una comunidad espiritual puede proporcionar un increíble sistema de apoyo en tiempos de conflictos. Nuestra comunidad se convierte en nuestra familia, nos dan amor y compasión cuando lo necesitamos. Una comunidad está compuesta de muchas personas diferentes que comparten una pasión similar. Con tantas perspectivas diferentes, siempre hay alguien que se pueda relacionar con lo que estamos pasando o que pueda ofrecer consejos. A su vez, podemos hacer lo mismo por otras personas que estén pasando por dificultades.

Se dice que una persona que ora es como una vela que brilla en la oscuridad. Cuando muchas personas oran juntas, es como una habitación llena de velas; el poder se intensifica. Hacer cosas como comunidad significa reunirse para lograr algo que nunca podríamos hacer solos. Aprendemos a superar nuestras diferencias y a usar las fortalezas de cada uno para construir algo significativo juntos.

Todos aportan sus experiencias y puntos de vista únicos a una comunidad. Quizá no siempre estemos de acuerdo o congeniemos con todos, pero siempre podemos aprender algo de cada uno si estamos abiertos a ello. Otras personas pueden ayudarnos a mirar al mundo de una nueva manera y cuestionar nuestra propia perspectiva. Así es cómo crecemos. La belleza de tener una comunidad espiritual es tener la capacidad para ver más allá de nuestras diferencias y encontrar la unidad subyacente.

Solemos escuchar sobre la importancia de contribuir, ya sea con voluntariado o donar a una causa noble. Compartir con los demás de forma desinteresada es una parte vital de nuestro crecimiento espiritual. Tener una comunidad nos ofrece un gran número de oportunidades para participar y compartir.

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Hay tantas herramientas valiosas para usar en nuestro trabajo espiritual —escritos, oraciones, clases— que es fácil olvidar lo útil y necesario que es tener una comunidad positiva.

Mediante el trabajo en equipo, la compasión y el apoyo, juntos podemos ayudarnos unos a otros a ser mejores personas y construir un mundo mejor.

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