Ciclos de Vida

Solo di “sí”

Según un sondeo de la Universidad de California en Los Ángeles, el bebé promedio de un año de edad escucha la palabra “no” una sorprendente cantidad de 400 veces al día. Esos son muchos “nos”. De hecho, hay una tendencia reciente entre padres que recomienda dejar de usar por completo la palabra “no”. Con tantos “no, no, no” que reciben los bebés directamente, no es de extrañar que una vez que aprenden a decir la palabra “no”, no tengan reservas en usarla. A mi hija mayor le encantaba tanto la palabra que contestaba “no” cuando le ofrecían un chupetín… ¡incluso mientras sonreía y lo tomaba! Casi pareciera divertirles. En efecto, ellos reconocen a temprana edad el poder de la palabra “no”.

Pero la palabra puede hacer mucho más que simplemente expresar nuestra renuencia a ponernos los zapatos.

Piensa en la última vez que alguien te dijo que no. ¿Cómo te sentiste? Aun cuando alguien lo dice amablemente, la palabra “no” puede desencadenar una serie de repuestas físicas: sentimiento de rechazo, enojo, tristeza o pesadez. De la misma manera, la palabra “sí” puede propiciar la experiencia opuesta. El Dr. Daniel Siegel, profesor de psiquiatría, dice que el cerebro tiene dos estados diferentes: el estado cerebral afirmativo y el estado cerebral negativo. Cuando estás en un estado cerebral afirmativo, estás receptivo y abierto; te sientes en paz y puedes conectarte con los demás. Por otro lado, el estado cerebral negativo te hace sentir reactivo, agitado y desconectado de los demás. Asimismo, uno de los aspectos más reveladores que él señala es que el estado cerebral negativo también te impide conectarte con tu propia experiencia interna, lo cual te hace menos consciente de ti mismo y menos capaz de comunicar tus necesidades, pensamientos o deseos.

Esto no debería sorprender a los estudiantes de Kabbalah. Los antiguos kabbalistas nos enseñan que nuestra mente influye en nuestra realidad. La energía fluye hacia donde la dirigen tus pensamientos; piensa positivamente y atraerás energía positiva a tu vida. Piensa negativamente y, pues, ya sabes… Por supuesto, los adultos tenemos una gran capacidad de control sobre nuestra mente. Los niños, que todavía están aprendiendo a navegar emociones complejas, son menos capaces de cambiar de actitud.

Hace unas semanas, mi hija menor, Abigail, trajo a casa un libro de la biblioteca con el título ¡No, David! Aparentemente, era muy popular entre sus compañeros del colegio. En la historia, un jovencito llamado David tenía la tendencia a hacer exactamente lo opuesto a lo que le pedían. Como podrán imaginar, él oía la palabra “no” con frecuencia. Que no jugara con la comida, que no saltara sobre la cama, que no jugara béisbol dentro de casa. No, no, no. Mientras lo leíamos juntas, no podía evitar sentirme mal por el pobre David.

En cada aula de clases hay al menos un niño o una niña que necesita un poco más de atención y cuidado que otros. Quizá ella sea muy talentosa y por tanto se aburre fácilmente. O quizá él aprenda las cosas cinestésicamente y por eso le cuesta quedarse quieto en su asiento. Cualquiera que sea la razón, no pasa mucho tiempo para que el chico sea etiquetado como “mala conducta”. Los niños pueden asimilar las etiquetas desde que están en el preescolar, y la triste verdad es que dichas etiquetas son muy difíciles de desprender; la mayoría de los chicos termina aceptándolas, ¡especialmente cuando todo lo que escuchan es “no”!

En el fondo de mi corazón, creo que no hay “chicos malos”. Los chicos buenos toman malas decisiones todo el tiempo, pero eso es todo lo que son: decisiones. Nuestro trabajo es guiarlos hacia más acciones positivas. Y podemos hacer eso sin activar el estado cerebral negativo. Podemos ayudarlos a inclinar su actitud y sus decisiones a la receptividad y curiosidad simplemente al cambiar la manera en la que nos comunicamos con ellos. El Dr. Siegel sugiere que usemos una estrategia del estado cerebral afirmativo cuando los disciplinemos y hablemos con ellos. Él dice: “La crianza en estado cerebral afirmativo no consiste en ser permisivos, sino en cómo crear hábilmente la estructura y el aprendizaje en la vida de tu hijo, a fin de que el niño entre en contacto con sus experiencias internas y externas con un sentido de firmeza y optimismo”.

La palabra “no” puede volverse una muletilla para muchos padres. Es corta, fácil y expresa lo que quieres decir en una sola sílaba. Activar el estado cerebral afirmativo implica esfuerzo de nuestra parte; requiere que pensemos cuidadosamente en lo que decimos y cómo lo decimos. Por ejemplo, hay poco esfuerzo en decir: “No, no toques eso”, en lugar de decir: “No quiero que ese jarrón se rompa. Lo apartaré de tu camino”. La primera frase puede activar la reactividad en un niño. La segunda enfoca la atención en el jarrón, no en el comportamiento del chico.

Kabbalísticamente, cada uno de nosotros contiene las fuerzas positiva y negativa en su interior, y ellas son suscitadas conforme a nuestra conciencia. Los niños nos observan para saber cómo reaccionar en la vida. Cuando nos entregamos a las emociones negativas, ellos también lo hacen. Ellos se ven reflejados en nosotros. Cuando nos apoyamos demasiado en la palabra “no”, ellos podrían comenzar a verse bajo una lente negativa. La Kabbalah enseña que todos estamos hechos de Luz pura, y nuestras grandes fortalezas y cualidades provienen del lado positivo. Para que pueda existir un lado positivo, también debe existir un lado negativo. Sin esta dualidad no habría forma de experimentar crecimiento o de reconocer nuestro potencial. No obstante, cuando la reactividad se vuelve la respuesta preferida de nosotros y nuestros hijos, obstaculizamos toda nuestra experiencia de vida.

“La conciencia pueda influenciar, o incluso llegar a crear, el universo físico” dice Rav Berg. Cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones es una manifestación de energía positiva o negativa. La positiva contrarrestará a la negativa si la alimentamos. Cualquier lado que alimentemos crecerá. Cuando incluimos conciencia en nuestro método de crianza, podemos responder a nuestros hijos positivamente y, como resultado, despertar el lado positivo en ellos. Al inclinar nuestros pensamientos y acciones hacia el lado positivo, podemos atraer más Luz a nuestro método de crianza y quizá cambiar nuestra realidad y la de nuestros hijos para mejor.

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