Ciclos de Vida

El “nosotros” milenial

Me parece que los mileniales tienen una mala reputación ahora. Escucho a gente decir que los mileniales son malcriados, perezosos y creen que se merecen las cosas. Quizá pueda parecer de esa manera, pero investiguemos más.

Se considera “milenial” a alguien que nació entre 1982 y el 2000, de acuerdo con la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Se estima que hay más de 83 millones de mileniales en los Estados Unidos.

Los mileniales manejan muy bien la tecnología; parece que hubieran nacido con un control remoto en las manos. En la época de mi juventud, si quería ver televisión tenía que dar el largo viaje desde mi cómodo lugar en mi sofá hasta el otro lado de la habitación donde estaba el televisor. ¡Fiu! ¡Qué tiempos duros! Déjenme repetirlo: en realidad tenía que levantarme del sofá y cruzar el largo camino hasta el otro rincón de la habitación para cambiar el canal y ajustar la antena para tener mejor señal. Teníamos alrededor de cinco canales de entre los cuales escoger.

Hoy día, lo pienso dos veces antes de acercarme al televisor. Debo confesar que todavía no logro entender cómo manejar los TRES controles remotos que tengo al lado. Es muy estresante. Si quiero encender el televisor, termino cambiando la programación, y entonces comienzo a sudar de los nervios. Y después de que mi ataque de pánico se calma, llamo a uno de mis hijos mileniales para que me rescate.

Tuve que hablar por FaceTime con mi hijo el otro día para que pudiera orientarme a lo largo del procedimiento técnico de usar auriculares con el televisor. Logró calmarme y juntos superamos esa experiencia estresante.

Pero está bien. Hay un lado positivo para este modo de vida. Se ha convertido en nuestra nueva manera de vincularnos.

Pareciera que hasta no hace mucho, a fin de comunicarnos con otro ser humano, teníamos que estar físicamente cara a cara y cada uno tener su turno para expresar palabras que salían directamente de nuestra boca, flotaban en el aire y mágicamente aterrizaban en el oído del otro. Era una experiencia ancestral.

Los mileniales se han convertido en seres que solo parecen intercambiar información verbal a través de teléfonos inteligentes, computadoras portátiles y otros dispositivos.

Si quiero comunicarme con mis hijos mileniales, debo acudir al correo electrónico, mensajes de texto, Zoom, Skype, FaceTime o cualquiera que sea la última plataforma de redes sociales. Una vez les sugerí a mis hijos que pasáramos nuestras vacaciones familiares de campamento y conviviendo con la naturaleza unos días. Recibí miradas y risas en nuestro chat por video. Una de sus respuestas lo resume todo: “¡¿Tienes alguna idea de quienes somos?!”. Ni siquiera se pueden imaginar un mundo sin internet o celulares.

La situación ha empeorado tanto que, si quiero hablar con mi hijo, debo llamarlo a su celular.

De lo contrario, no sabría que soy yo. A pesar del hecho de que está en la habitación de al lado.

Viendo el lado positivo, los mileniales son ejemplos a seguir para desarrollar un estilo de vida diferente estos días. Incluyen sus valores en sus decisiones de vida y prácticas de empleo; y se nota. Creo que podemos aprender un par de cosas de ellos.

Los mileniales valoran la libertad de expresión más que la pesadumbre de trabajar en empleos que son poco satisfactorios. Están dispuestos a cambiar un salario más alto por uno más bajo si este le ofrece el beneficio de un horario flexible que encaje en sus prioridades de un estilo de vida laboral/recreativa/familiar más balanceado. “Las personas son más importantes que los beneficios” es su grito de guerra hacia el futuro. Su trabajo debe ser interesante, significativo y desafiante; pero no demasiado desafiante o si no renunciarán.

Tienen ambición, metas que seguir y, me atrevo a decir, un sentido de merecimiento. No tienen miedo de cuestionar la autoridad, tienen menor tolerancia a trabajar bajo situaciones frustrantes y es más probable que renuncien. Tienen menos titubeos que la generación de los baby boomers en pasar de un empleo a otro en cortos períodos de tiempo. Es por ello que pueden parecer irresponsables y poco comprometidos.

Al ver sus decisiones desde otra perspectiva, se podría decir también que son valientes y tienen una conciencia más próspera. No hay límites en la mentalidad de un milenial como los había en las generaciones anteriores.

Hoy día hay empresarios más exitosos entre los mileniales que entre las generaciones previas. Los veinteañeros están manejando sus propias compañías y obteniendo enormes ganancias a un ritmo veloz. En lugar de envejecer en un empleo, padecer en una conciencia de víctima mientras esperan su jubilación, simplemente renuncian y crean una nueva aplicación o recaudan fondos para una nueva compañía emergente. ¡Me encanta!

Están aquí para tomar las riendas hacia un mundo mejor. ¡Y lo están haciendo a un ritmo tan veloz que tengo que sujetar muy bien mis auriculares para estar al día!

Están sirviendo de ejemplo en el uso de nuevas tecnologías, nuevos valores culturales, nuevas maneras de hacer negocios y nuevas formas de expandir nuestras posibilidades de vivir en un mundo que esté más enfocado en “nosotros” en lugar de “yo”.

El otro día, mientras mi hijo y yo estábamos usando nuestros teléfonos inteligentes (él estaba en su habitación y yo en la cocina, naturalmente), hice referencia a Woodstock* en nuestra conversación. Él preguntó: “¿Qué es Woodstock?”. Mi respuesta inmediata fue: “¡¿Qué?! ¡¿Cómo no sabes lo que es Woodstock?!”. No podía creer lo que escuchaban mis oídos digitales.

Quizá teníamos mala señal, así que revisé mi teléfono. Tenía cinco barras. Deduje que él simplemente no sabía acerca del evento de mayor vanguardia de mi generación. Al principio estaba sorprendida. Luego recordé que él es un milenial. Por supuesto, él no sabe nada de la historia antes de la invención de los dispositivos inalámbricos que usamos comúnmente.

Pero los tiempos cambian muy rápido, de hecho, más rápido que en cualquier otro período de la historia registrada. Si le pregunto, apuesto a que él no sabría qué hacer con un teléfono con disco de marcar, una línea fija, un grabador o un reproductor de casetes, ni siquiera un disquete si vamos al caso. Entonces, ¿por qué debería sorprenderme?

De hecho, ahora reconozco cómo se siente. Cada cierto tiempo, me encuentro con alguien que en realidad no usa el correo electrónico. ¡Correo electrónico! ¿Pueden creerlo? Y me pongo a pensar: “¿Cómo alguien puede sobrevivir estos días sin una computadora o un teléfono sin aplicaciones? ¿Cómo alguien se comunica sin mensajes de texto? ¡Es imposible! ¡Exorbitante!”.

Recientemente, una persona muy amable que vive una vida muy sencilla (como lo hacíamos en los setenta) me dio un obsequio. Era música original grabada en un disco chato y brillante. La miré atónita. “¿Qué es esto?”, pregunté.

“Es un CD”.

Luego ocurrió algo curioso que disparó mi propio “momento milenial”.

“Ah. ¿Qué es un CD?”.

Todos tenemos una mentalidad milenial interna que puede inspirarnos a cruzar nuevas fronteras, abrir nuevas posibilidades o pensar más allá de los límites con el propósito de alcanzar grandes alturas en nuestro camino espiritual de transformación. Sin embargo, si no usamos a nuestro “milenial interior” para un propósito espiritual, puede conducirnos a un abismo de sentido de merecimiento, pereza y egoísmo.

Los kabbalistas dicen: “Según el camino que la persona quiera recorrer, así será guiada”. Nosotros creamos nuestra realidad personal y colectiva conforme a nuestros deseos. Si no inyectamos proactivamente conciencia en cada aspecto de nuestra vida, estamos sujetos a la misma prisión de vida robótica, negativa y limitada.

El universo está configurado con solo dos “emisoras de radio espirituales” que nos influyen. “Radio Caos” transmite un programa negativo de miedo constante, sin parar, a través de nuestra configuración automática, es decir: “Yo, yo, yo”.

“Radio Luz” transmite la voz y orientación del deseo de nuestra alma: el amor constante y el compartir, es decir, “Nosotros, nosotros, nosotros”.

Nuestro trabajo es prestar atención a qué estación estamos sintonizados a fin de que todos podamos pensar, hablar y actuar desde los deseos de nuestra alma.

Es momento de que todos nosotros reconozcamos lo que los kabbalistas han enseñado por milenios: nuestros deseos e intenciones alimentan nuestros pensamientos, los cuales gatillan nuestras emociones y se manifiestan en nuestras acciones. Los pensamientos, las palabras y las acciones de cada persona no solo afectan al individuo, ¡sino a todo el mundo!

Así que aprendamos una lección de los mileniales y cambiemos nuestra conciencia de “yo” a “nosotros”.

*Woodstock fue un festival realizado en una granja en 1969, que atrajo a una audiencia de más de 400 000 jóvenes. Fue un momento crucial en la historia de la música en el cual medio millón de chicos vieron que “eran parte de un organismo mayor”.

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