Ciclos de Vida

Ah, adolescentes. ¡Qué placer!

Mi esposo, nuestros cuatro hijos y yo asistimos a una cena recientemente. Había una pareja joven que también asistió con sus cuatro hijos, todos menores de seis años; tres niñas y un varoncito. No pude evitar ver la similitud de la diferencia de edades entre ellos y mis hijos, ahora casi adultos. Sus edades actuales están entre veinticuatro y dieciocho.

Alguien me comentó que la madre de esos chicos no era muy amistosa o conversadora. Yo contesté: “¿Conversadora? ¡Claramente está abrumada y bastante cansada!”. Sentí compasión por ella. Cuando mis hijos estaban en esa edad, yo también me sentía extremadamente cansada y abrumada. ¡¿Quién tiene la energía para charlar cuando no has tenido una noche de sueño completa en seis años, o no puedes comer una comida en paz?! El único momento “a solas” que tenía era cuando dormía esas pocas preciosas horas. Personalmente, no dormí una noche entera a lo largo de cinco años, desde el nacimiento de mi hijo mayor hasta el menor.

Salvo la falta de sueño, todo valió mucho la pena, por supuesto. Y ahora estamos aquí juntos. Me sentía afortunada de estar sentada con mis personas favoritas en todo el mundo. Me encanta verlos parlotear ingeniosamente entre ellos y estoy bastante agradecida porque, aunque eran adorables de pequeños, ahora de adultos todos podemos compartir juntos de una forma más enriquecedora.

Mi hijo mayor, que aparentemente me leía la mente, se reía al recordarme lo terrible que él era como adolescente. “Oh, sí. Tienes razón. ¡Eras terrible!”. Ahora me puedo reír, pero en aquel entonces no me reía.

Para todos aquellos padres que están criando a hijos mayores de doce años y que están entrando en su fase adolescente, por favor, sepan que no están locos. No están solos cuando han alcanzado el límite de su paciencia y con frustración claman:

  • ¿Qué le pasó a mi hermoso y adorable hijo?
  • ¿Quién es este desconocido que se apoderó de su cuerpo?
  • ¿Por qué actúa como un demente?
  • ¿Qué me sucede? ¿Cuándo me convertí en mal padre?
  •  ¿Cuándo terminará??
  • ¿Necesito ir a terapia? ¿O ellos lo necesitan?
  • ¿Tengo dificultades para lidiar con esta persona?
  • ¿Cómo sobreviviré sus años adolescentes???

Ánimo. Con el tiempo, saldrán de esa fase. Hablemos de lo que está sucediendo.

Desde una perspectiva espiritual, el Zóhar nos dice que un niño es un robot de su Deseo de Recibir para Sí Mismo durante los primeros doce años (para una niña) y trece años (para un niño).

Los niños son como vasijas que tan solo reciben, reciben, reciben. Pero son tan bonitos y los queremos tanto que nosotros tan solo damos, damos, damos. Los niños son vasijas hambrientas de la energía de sus padres.

Pero cuando las niñas cumplen doce años y los niños cumplen trece, algo ocurre. Ya no son solamente vasijas. Sus almas comienzan a despertarse con una alarma interna que suena y suena hasta que ellos responden. Dice: “Es hora de volver a trabajar y lidiar con todos los asuntos pendientes de otras vidas”. Una parte de ellos se despierta y no quiere seguir siendo solo una vasija de sus deseos.

Él o ella quiere ser un CREADOR, ser la Causa en su vida. Tienen una fuerza motriz que se activa. Esta fuerza motriz es parte del proceso natural que conducen los deseos del niño a convertirse en un adulto proactivo.

Desafortunadamente, dado que a la mayoría de nosotros no nos enseñaron esto, tenemos problemas para lidiar con este proceso.

Veámoslo de esta manera: durante años, ellos han estado viviendo a costa de la “cuenta de tu alma”. Nunca han sido responsables por cuánta energía gastaban. Entonces el reloj de su alma los despierta. Comienzan el proceso de desprendimiento de la cuenta de sus padres. No solo eso, sino que se les ha entregado la chequera de su propia cuenta espiritual. Entra una infusión de energía completamente nueva en su sistema. No saben qué hacer con ella al comienzo. Y dado que no fueron educados para estar preparados para este fenómeno energético, ¡enloquecen!

Metafóricamente hablando, si supieras que tu hijo sería responsable de su propia cuenta bancaria y recibiera, digamos, mil dólares de ingresos y de pronto recibiera diez mil dólares de deudas, ¿cómo crees que tu hijo lidiaría con este nuevo tipo de estrés? No muy bien.

Es por ello que, cuando los chicos son pequeños, es bueno comenzar a acostumbrarlos a la idea de la responsabilidad. Esto los ayuda a desarrollar los músculos que necesitarán cuando crezcan y tengan que asumir la responsabilidad de rendir cuenta por todo lo que sucede en sus vidas. Si no lo practican cuando son pequeños, será mucho más difícil manejar la nueva infusión de energía cuando crezcan. Conozco a muchos adultos que todavía están pasando por este proceso.

He aquí mis recomendaciones para la supervivencia mutua en los años adolescentes y más allá:

Opciones. Dale opciones a tu hijo. Ofrécele a tu hijo un entorno seguro para experimentar los efectos de sus decisiones sin hacerle sentir que fracasó o que algo anda mal con él.

Lo peor que un padre puede hacerle a un hijo es matar su autoestima. Esto puede pasar de formas directas e indirectas.

Revísate. ¿Cuán a menudo haces lo siguiente?

  • Tomar todas las decisiones por tu hijo. No le pides su opinión sobre el asunto. Por ejemplo, ¿quién decide qué vestir?
  • No permitir que tu hijo tenga ninguna responsabilidad.
  • Hacer su tarea por él/ella.
  • Impedir que sienta la dolorosa experiencia del desafío, que en realidad resultará en un sentido de logro.
  • Decirle a tu hijo que es “bueno” o “malo”. Esto comunica el mensaje de que tu hijo no es intrínsecamente valioso, sino que solo es tan bueno como lo es su último logro.
  • Impedir que tu hijo exprese sus emociones. Decir cosas como “no llores”.
  • Señalar más las veces que hace algo malo que las veces que hace algo bueno.
  • Tienes tanto miedo de que tu hijo experimente algún dolor que tratas de impedir que se lastime, lo cual no le permite que tenga la oportunidad de explorar cosas nuevas o asumir riesgos.
  • Ofender verbalmente a un hijo y, por supuesto, cualquier tipo de violencia matará el autoestima de un chico.
  • Irrespetar los límites de tu hijo (por ejemplo, tocarlos físicamente cuando no lo solicitan u obligarlos a comer cuando te dicen que no tienen hambre).
  • Manipular con humillaciones para que hagan lo que quieres.
  • Emplear el chantaje emocional. Tu hijo no es responsable de tu felicidad o infelicidad, y viceversa. Este es un caso de “que cada quien se haga responsable por sí mismo”.

Las palabras más poderosas, sanadoras y fortalecedoras que le puedes decir a tu hijo son “creo en ti”, “confío en ti”, “estoy seguro que lo puedes resolver”.

Ofrécele a tu hijo el espacio para luchar y encontrar sus propias soluciones. Cada vez que lo rescatas, das el mensaje subliminal de que él o ella es incompetente. Esto puede tener repercusiones negativas a largo plazo.

Por otro lado, tenemos que cuidar no complacer a un chico demasiado como para afectarlo negativamente.

No quieres que nadie te chantajee, y mucho menos tu hijo. Como dije antes, y vale la pena repetir: el chantaje emocional funciona en ambas direcciones. No permitas que tu hijo se salga con la suya bajo la suposición de que tú eres responsable de su felicidad. Ellos no son responsables de tu felicidad y tú tampoco eres responsable de la de ellos.

He visto familias en las que el hijo dirige el espectáculo. Esto es tan aterrador para el chico como lo es para los padres. Los niños necesitan ser criados de forma equilibrada con límites saludables y firmes.

A medida que el niño madura, necesitará las oportunidades para ganar autonomía e integridad. Esto desarrolla su autoestima. He aquí algunas cosas que puedes hacer si todavía no las haces:

  • Dependiendo de la edad, asígnale tareas caseras para hacer, como organizar los juguetes, etc.
  • Que se preparen para ir a dormir.
  • Que hagan su tarea. NO comiences el hábito de hacer la tarea por tus chicos.
  • Todo viene con una opción. Por ejemplo, puedes organizar las cosas ahora y después podemos ir al parque. Si decides no organizar tus juguetes, eso significa que no iremos al parque hoy. ¿Qué eliges?
  • Tu trabajo es ayudar a tu hijo a convertirse en un adulto independiente e ingenioso que contribuya con la sociedad. Siempre ten eso presente, especialmente cuando se trata de la disciplina.
  • Ofrece cumplidos genuinos sobre los esfuerzos de tu hijo, no sobre los resultados. Cuando él disfrute el esfuerzo, los resultados seguirán el mismo camino.
  • NO etiquetes a tu hijo, por ejemplo: “buen chico” o “ella es la inteligente”, etc.
  • Fija límites consistentes con fundamentos lógicos. Convérsalos con tu hijo.
  • A medida que aumenta su madurez y comprensión, conversa las reglas y pídele su opinión acerca de cuáles deberían ser las consecuencias cuando se rompen dichas reglas.
  • Sé un modelo a seguir. Los niños no hacen lo que dices, sino lo que tú haces. Por ejemplo, no esperes que tu hijo te escuche cuando digas “No fumes marihuana[SF1] ” si llegas a casa y bebes un par de tragos para quitarte el estrés.
  • Nunca participes en una lucha de poder. Vas a perder. Esto es particularmente cierto si tu hijo se convierte en un adolescente alto que podría ser más fuerte que tú físicamente.
  • El respeto es algo que das como ejemplo a tu hijo cuando tratas con otros adultos en tu vida y, por supuesto, con tu hijo. Respeto significa que consideras su bienestar, reconoces su capacidad de tomar decisiones, le ofreces opciones y lo facultas para que determine su propio destino (con las orientaciones que tú propongas). No mientas. Sé coherente con lo que dices y tendrás su respeto y amor.
  • Y por último (por ahora) crea un límite seguro fuera del límite que ya has fijado con tu adolescente, a fin de darle un espacio seguro para “rebelarse” y ejercer su naturaleza creadora.
  • ¡Criar a tus hijos es el trabajo más importante de una vida!

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