Ciclos de Vida

Piensa antes de hablar

Recientemente acompañé a una amiga mientras celebraba una pijamada para su hija y una docena de sus compañeras de la escuela secundaria. Hay algo descabelladamente fascinante sobre observar a adolescentes con las que no tengo ningún vínculo. He celebrado una buena cantidad de pijamadas en casa y siempre termino demasiado involucrada en los detalles de la noche como para prestar atención a sus conversaciones. ¿Comieron lo suficiente? ¡Hay nueces en esos brownies! ¿Alguna será alérgica a las nueces? ¿Se están divirtiendo todas?

Al tener mi mente relajada y una taza de té en mis manos, era libre de disfrutar la energía de un grupo de amigas con sus medias más cómodas una noche del sábado con la promesa de pastel y helado en su futuro. Como era de esperar, las conversaciones cubrieron programas de televisión, música, noticias de celebridades y las absolutamente injustas tareas de un profesor de inglés en particular. Pero también hablaron de sus compañeros (la mayoría de los cuales no se encontraban en esta fiesta). Y si bien muchos compartieron detalles inofensivos sobre sus amigos y situaciones en común, la conversación rayaba en el territorio del chisme de vez en cuando.

El chisme es algo curioso, especialmente en la época en la que los círculos sociales y el sentido de pertenencia son críticos para el bienestar emocional de una persona joven. El chisme puede crear un sentido de cercanía, de sentirse parte de las cosas. A pesar de sus grandes esfuerzos por destacar y hacer las cosas a su manera, ningún adolescente quiere quedarse por fuera. Por lo tanto, les atrae la intimidad que se crea al compartir detalles indiscretos o secretos que sepan de alguien.

En la Biblia dice: “¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmos 34:13-15). Cuando chismeamos, creamos una especie de coraza alrededor de nuestra alma que impide que lleguen las bendiciones que están destinadas para nosotros. En lugar del chisme, podemos comprometernos a ver lo bueno tal como lo hace el Creador, dado que el Creador ve la perfección suprema en todo y nos ama incondicionalmente. Ver lo malo es como desvincularnos de la fuente de todo lo bueno.

Los kabbalistas tienen un término para el chisme: lashón hará, o hablada maliciosa. Enseñan que es la peor forma de oscuridad. Creo que el término “hablada maliciosa” es propicio porque abarca cualquier cosa negativa que salga de tu boca, no solamente chismes. Va más allá de simplemente hablar mal de alguien; incluye decir las cosas enojados y hablar negativamente de nosotros mismos.

Rav Berg decía: “Nunca permitas que entren cosas negativas en tu mente ni que salgan de tu boca”.

No podemos esperar que los chicos eliminen el chisme de un momento a otro. Pero lo que sí podemos hacer es enseñarles a hablar y ayudarles a distinguir entre compartir noticias graciosas, interesantes o emocionantes, y difundir información hiriente o dañina.

Una excusa común que he escuchado entre jóvenes es: “Pero no es chisme si es mi opinión. ¡Solo estoy siendo sincero!”.

Pues, en realidad no.

Una de las principales trampas del lashón hará es creer que tenemos justificación para juzgar a los demás. Formamos opiniones basados en lo que vemos (real o imaginariamente) y luego sentimos que somos justos en nuestros juicios. Eso nos incita a pensar que nuestra habla negativa está justificada y que la otra persona se lo buscó. La verdad es que lo que emitimos SIEMPRE regresa a nosotros. Y usualmente vuelve cuando menos lo esperamos; lo cual es una lección difícil de aceptar para los adolescentes.

Por supuesto, todos tienen la capacidad de formar su propio criterio de la personalidad de alguien. Aunque es más fácil decirlo que hacerlo. A menudo subestimamos la influencia que tenemos en los demás. Una vez que compartimos un detalle desagradable acerca de alguien, puede ser difícil que las demás personas se deshagan de esa impresión; incluso si después resulta ser completamente falso. Asimismo, cuando chismeamos, hemos violado la privacidad de alguien. En términos simples: si no se trata de nosotros, no es una historia que debamos contar.

No basta con quedarse callado, esperando que un rumor se disipe. No solo somos responsables por lo que decimos o hacemos, sino también por lo que permitimos que se desarrolle a nuestro alrededor. Los kabbalistas enseñan que la conciencia lo es todo. Eso significa reconocer las situaciones negativas y emprender acciones cuando sea necesario. A veces esa acción es salir de una situación negativa, mientras que otras veces puede ser hablar y decir que consideramos que esas conversaciones son hirientes. Pero cuando escuchamos a otras personas chismeando, nos quedamos escuchando y no decimos nada, estamos participando en lashón hará; es decir, si no hubieses escuchado (que igual es una participación), la otra persona no habría tenido a nadie a quién contárselo. Esto no es fácil para los chicos, pero si los motivamos a asumir la responsabilidad por los chismes en su entorno, pueden estar a la altura del desafío.

A veces un pequeño estímulo de positividad es suficiente para cambiar la energía a nuestro alrededor. Si les enseñamos a nuestros hijos a ver lo bueno en los demás, esto cambiará naturalmente la manera en la que se expresan de otras personas. Quiero que mis hijos sean el tipo de persona que se abstiene de lashón hará al compartir positividad. Algo tan simple como: “Ella siempre fue muy amigable conmigo” o “Estoy seguro que esa no fue su intención” quizá sea suficiente para impedir que salgan las palabras negativas. Incluso si sospechamos lo peor, es mejor darles a las personas el beneficio de la duda.

Con nuestro apoyo, los chicos pueden aprender a pensar antes de hablar. Hay un afiche en el salón de clases de mi hija, en edad de preescolar, que dice:

Antes de hablar:

PIENSA si es…
P = Positivo
I = Interesante
E = Ético
N = Necesario
S = Sensible
A = Ayuda

Esto me encantó. Enfatiza la bondad y puede prevenir que se libere mucha negatividad en el mundo.

La parte más difícil de enseñarles a nuestros hijos los peligros del habla maliciosa podría ser dar el ejemplo nosotros mismos. No podemos esperar que ellos tomen buenas decisiones en cuanto al chisme si nos ven escuchando, participando o compartiendo chismes. Incluso difundir buenas noticias (cuando tienen que ver con otras personas) es problemático, porque puede ser difícil que los chicos entiendan qué implica la difusión dañina. Siempre nos están observando. Por mucho que los preadolescentes y los adolescentes quieran afirmar su independencia, la manera en la que aprenden a interactuar con el mundo comienza con sus padres y guardianes.

Después de todo, si no tienes nada bueno que decir, no te estás esforzando lo suficiente.

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