Conceptos Kabbalísticos

¿Me ves?

Hace muchos años escuché una historia de uno de los maestros del Centro de Kabbalah de Israel. Él se estaba preparando para una clase nocturna, un nuevo curso. Por alguna razón, nadie había aparecido para asistir a la clase.

Después de la conmoción del personal sobre la razón de la ausencia, comenzaron a buscar en dónde estaba el maestro. No lo encontraban.

Pasado un tiempo, fueron al salón en donde se realizaría la clase y sorprendentemente allí estaba el maestro, tenía la puerta cerrada y estaba en el frente dando a tiempo su clase pautada.

Sin embargo, había un problema, no había nadie en el salón. ¡Sólo sillas vacías! Imagínense, ¡este loco profesor estaba dando clases a un salón lleno de sillas vacías!

Esta semana en la porción de Behaalotjá se revela una Luz muy particular.

La porción habla del encendido del candelabro en el tabernáculo por el hermano de Moshé, Aarón, el Sumo Sacerdote. Sin embargo, hay un error en la traducción de los textos en hebreo de la Torá. Si bien es obvio que Aarón encendió el candelabro, el texto no dice que él lo “encendió”. La palabra Behaalotjá, que se usa aquí (y es el nombre de la porción), no significa “encender”. Literalmente significa “elevar”, “elevar el candelabro”. Y aquí comenzamos a entender uno de los grandes secretos de la energía de la porción de esta semana.

Sabemos que el propósito espiritual del candelabro era traer la presencia y la Luz del Creador al plano físico.

Michael Berg revela un gran secreto relacionado con Aarón, el Sumo Sacerdote, y su conciencia al momento del encendido del candelabro. Aarón estaba preocupado porque a todos los demás líderes de las tribus se les pidió llevar sacrificios (en tiempos antiguos, los sacrificios eran una manera de conectarse espiritualmente con la Luz del Creador) y a Aarón no se le pidió llevar sacrificio. Se sentía mal por no colaborar en los sacrificios que los demás llevaban. El Creador le dijo a Aarón: “No te preocupes. Tus luces nunca se apagarán”. Sin embargo, eso no parece ser verdad porque ya no encendemos el candelabro debido a que no tenemos el tabernáculo. Sólo se hacía en tiempos ancestrales, hasta antes de la destrucción de los templos hace 2000 años.

Michael Berg ofrece una bella explicación del Kabbalista Rav Moshé Alshej. Él explica que la Luz que encendió Aarón no sólo estaba en el mundo físico, sino que también estaba en el mundo espiritual superior. La Luz, según los sabios, ha durado desde que él la encendió y lo hará hasta la llegada del Mesías.

Para entender esta idea debemos entender el concepto kabbalístico de “Lishmá” o hacer algo por el bien del cielo.

Aarón, el Sumo Sacerdote, era una persona muy importante y tenía un trabajo extremadamente importante; él era el punto central del trabajo espiritual en el templo. Cualquier persona en una posición tan importante seguramente era tentada por el ego de muchas maneras. De hecho, mucho tiempo después en la historia del templo sagrado, el sacerdocio era comprado y vendido para tener posición y respeto. En parte, esa corrupción llevó a la destrucción del segundo templo por los romanos.

Aarón, el Sumo Sacerdote, era completamente puro en este aspecto. Su deseo de también hacer un sacrificio era motivado por sus profundas ansias y deseo de estar más conectado con la Luz del Creador. El Creador le aseguró que la Luz que estaba encendiendo con el candelabro duraría hasta el final de los tiempos y nunca se apagaría. ¿Por qué? Porque lo hacía con la conciencia de “Lishmá”, por el bien del cielo.

Hacer las cosas por el bien del cielo significa que las hacemos sólo porque deben ser hechas y nos ayudarán a traer Luz al mundo espiritual. Hay muy pocas —si acaso hay alguna— intenciones ocultas adjuntas a esto y usualmente no hay resultados inmediatos. Solemos ser motivados por lo que las demás personas piensan de nosotros o nuestras acciones, por qué tan correctos o perfectos seamos, por cómo nos vemos, qué tan inteligentes somos, la casa en la que vivimos y muchas otras cosas. Especialmente, una gran parte de nuestra motivación viene de nuestro propio ego y nuestro ego es alimentado por las opiniones de los demás.

La historia sobre el maestro de Kabbalah en Israel que le dio clases a un salón vacío es un maravilloso ejemplo y una lección sobre hacer las cosas por el bien del cielo o “Lishmá”. Él esperaba un salón lleno de gente, personas que escucharan su clase, estuvieran de acuerdo con él y vieran qué buen maestro era. Personas para compartir sabiduría y sentirse bien por lo que él les había dado. Pero, ¿a quién le dio clases? Al aire. A un montón de sillas vacías, ¿no?

No. En absoluto.

Nuestro querido maestro de bendita memoria, Rav Berg, enseñaba El estudio de las Diez Emanaciones Luminosas a las 4:30 a. m. hace muchos años. A veces sólo había un grupito de personas presentes en la clase. El Rav explicaba que la importancia del estudio no era por aquellos que estaban presentes, sino por inyectar esa Luz y energía en el cosmos para que toda humanidad se beneficiara. Después de cada clase ofrecida, unas pocas semanas después había una nueva revelación en el ámbito de la ciencia o la medicina publicada en una revista o periódico basada en lo que el Rav había revelado varias semanas antes.

Eso fue lo que aquel maestro en Israel había aprendido del Rav Berg. Aprendió que la Luz que despertamos cuando compartimos o realizamos una acción positiva no se limita al mundo físico, también despierta y enciende una Luz espiritual superior. Y la Luz que se enciende en el mundo superior es más importante que la Luz que se enciende en el inferior. ¿Por qué? Porque esa Luz no se apaga. No sólo no se apaga, sino que trae Luz espiritual para el beneficio de todos nosotros en el mundo inferior del 1%.

¿Alguna vez has pasado frente a una basura en el piso cuando nadie estaba cerca y no la recogiste? ¿Te comportas igual de bien con tu familia que con desconocidos? ¿Cómo te comportas cuando nadie está presente? ¿Haces algo al menos con un deseo inconsciente de que las personas vean qué tan bueno eres? Esta es, desafortunadamente, la razón principal —a nivel inconsciente— por la que hacemos la mayoría de las cosas. Desde la niñez, probablemente queríamos que nuestros padres nos vieran y observaran lo que podíamos hacer. Por supuesto, cuando los padres ven a su hijo, eso es energía para él; pero cuando crecemos el ego toma el control y, lamentablemente, no salimos de esa mentalidad en realidad. Continuamos queriendo que las personas nos noten, nos presten atención y nos den su energía. Si no lo hacen, a veces intentamos obligarlos a notarnos, sólo para atraer un poco de esa atención y energía para nosotros. Intentamos obtener atención con nuestras acciones, palabras, ropa, etc.

La verdadera pregunta aquí es: ¿qué tanto de lo que hacemos es sólo por el bien del cielo? ¿Qué tanto de lo que hacemos es sólo para despertar energía espiritual superior aunque nadie lo note? ¿Cuántos deseos y ansias tenemos realmente por la Luz del Creador?

Más aún, ¿qué preferimos? ¿Luz espiritual superior o la energía de la gente del plano inferior? Estas son preguntas que debemos intentar recordar para despertarnos y ayudarnos a mantener la conciencia de “Lishmá”, hacer las cosas por el bien del cielo.

Esta semana, Aarón, el Sumo Sacerdote, nos da un gran regalo. Nos da el regalo de hacer las cosas con un propósito celestial. ¿Qué tan bueno es este regalo? Bien, la Luz que Aarón encendió en el candelabro durará para siempre.

Desafortunadamente, todos nos alegramos con un instante de energía que obtenemos por satisfacer a nuestro propio ego. Esa energía sólo dura un instante porque es temporal por naturaleza. Esta es una gran lección para nosotros. Esta semana tenemos la oportunidad de elevar nuestra conciencia a un estado en el que estemos dispuestos a dejar ir lo momentáneo a cambio de algo permanente. ¿Cómo? Al estar dispuestos a dejar ir los momentos que nos dan placer y hacer lo que debemos hacer para revelar la Luz del Creador en el plano superior, aunque no vayamos a recibir ningún reconocimiento o beneficio inmediato en el plano inferior.

Rav Berg acostumbraba decir: “Si tienes al frente un lavaplatos lleno platos sucios y no hay nadie cerca, estos están allí para ti, para tu beneficio”. El Creador te está dando la oportunidad de revelar la Luz en el plano superior a través de lavarlos. Especialmente porque no hay nadie que te vea ni te agradezca.

¿Por cuál otra razón te pondría el Creador frente a esos platos sucios y que tú los notaras? Están allí sólo para ti. Así ocurre con todas las oportunidades que se te presentan. Todas son para ti. Revela la Luz. No pienses en quien lo notará. Sólo hazlo. Aunque no haya gente presente, la Luz siempre lo estará.

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